¿SALVARÍA EL MUNDO A ESPAÑA PARA SALVARSE A SÍ MISMO?

 

 

Llegados al extremo de que dos países, antiguamente influyentes en la UE, como España e Italia, se han convertido en sendas amenazas para la economía mundial, conviene empezar a demandar públicamente la intervención de potencias no sólo de  Europa (cuyas directrices y recetas en nuestro caso se revelan inservibles y hasta perjudiciales), para evitarnos sufrimientos innecesarios, que comienzan a provocar un cisma social irreversible, y salvar, presuntamente gracias a nuestra recuperación, el crecimiento global.  No somos Uganda, decía Rajoy. Pero vamos camino de ser la Uganda de Europa si no nos ‘rescatan’ las economías foráneas de la presión no casual de los mercados y la pasividad de los estados que mandan en Bruselas. La ‘injerencia’ (llamémosla así) de Obama, en la víspera de la última cumbre del G-20, obligó a Merkel a ceder en su terquedad para favorecer el crecimiento a la par que se aplican planes de ajuste. En esa dirección, tienen solución España e Italia; de seguir sometidas al dkiktat de Berlín, terminaremos reducidos a un país en ruinas. No querer verlo es de ciegos.

Si España e Italia son en estos momentos los cocos de la economía del mundo (acaba de decirlo el FMI), y de prolongarse su recesión (que perdurará hasta 2013 como mínimo), podrían provocar un caos global, la pregunta es de Perogrullo: ¿A qué esperan los ‘señores de la guerra’ para actuar? Los ‘señores de la guerra’ (damas y caballeros) son unos cuantos jefes de Estado que se han pasado de listos, un puñado de inversores, fondos y bancos que están ganando una fortuna con nuestro empobrecimiento acelerado, ciertas agencias de calificación compinchadas con los malos y determinados organismos que hacen la vista gorda no inocentemente, para más señas el BCE.

 

El último informe del FMI es demoledor y esclarecedor. Insta al BCE a comprar deuda, se entiende masivamente, darle a la máquina de fabricar dinero, acabar con esta espiral de especulación de tan pingües beneficios para los ‘soros’ zorros de la crisis de la deuda más estúpida y profunda de la historia. El dictamen de los chicos de la señora Lagarde señala con el dedo a España e Italia porque entrañan “el mayor riesgo para la economía global”. ¿A qué esperan esos amos odiosos del mundo (los yanquis, chinos, indios, rusos, japoneses, brasileños …) para darle el volantazo que demanda la situación y empezar a hacer las cosas con la cabeza y no con el hígado?

 

Declaraciones como la del pijo presidente del Bundesbank, Jeans Weidmann, al ‘Börsen Zeitung’, proponiendo a España que se cobije de una vez bajo “el paraguas” del rescate como país, más allá del sistema financiero, no hacen sino delatar el final del trayecto que los sabios asesores económicos alemanes de la señora Merkel han prefijado para los parias de la periferia sur de Europa: España e Italia.

 

Se cargan el sueño de la UE, partiendo el pastel por la mitad (los mercados ya lo han hecho), y, a medida que engordan sus arcas y financian gratis su deuda, se perfilan como futuras potencias duraderas de un mundo en ruinas que habrá que reconstruir. Así mismito, como en Irak.

 

Huele mal todo esto, se presuponen jugosas mordidas por el camino, nada de juego limpio, llana y lisa corrupción, los aprovechados de la crisis aplauden con las orejas este extraño calvario al que someten los mercados a España-Italia, la pareja de baile en la pista del infierno.

 

O sea, los dos sureños latinos se van al traste y arrastran consigo a la economía global hacia el abismo, y me quieren hacer creer que nadie puede hacer nada, sino esperar a que los planes de ‘tortura’ de Rajoy fracasen, uno tras otro, los millones de parados sean sucesivamente acribillados a balazos, los comercios cierren porque no quedarán clientes en pie y la gente emigre a miles (40.000 en el primer semestre del año, según el INE).

 

Soy un profano, pero no un imbécil. Me cuesta creer tanta pasividad mientras se cae el telón de las grandes economías abocadas a decrecer pudiendo evitarlo. Ni Alemania y Francia, que celebraban el otro día los 50 años de su reconciliación (sellada por Adenauer y De Gaulle diecisiete años después del desenlace de la II Guerra Mundial) pueden dormir tranquilos: el aliento de la recesión les sopla también a ellos en la nuca. Si no es hoy, será mañana.

 

Dado este estado de cosas, ALGO VA A PASAR, ESTÁ A PUNTO DE SUCEDER. ¿Dejar caer a España e Italia como si nada? No es chiste para viejos, con permiso de Cormac McCarthy  y los hermanos Coen.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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