EL FAMOSO CUENTO DEL HIDROAVIÓN

 

La serie de incendios forestales declarados –y los abortados- en Canarias desde el domingo ponen al descubierto nuestro talón de Aquiles en verano. Ni la experiencia acumulada en treinta años de autonomía y cien de cabildos, con auténticas catástrofes en ese historial, evitan que, bien intencionado o fortuito, el incendio arrase, como si fuera la primera vez,  decenas y centenares de hectáreas. El sentimiento popular es incompatible con la palabra éxito cuando el monte se quema, y aunque las cuadrillas forestales consigan poner a salvo a viviendas y personas amenazadas seriamente por el fuego (o la evacuación de vecinos se haga a tiempo), los ciudadanos estimarán que en algunos frentes se actuó tarde y en otros insuficientemente.

 

Al periodista Óscar Herrera (Teide Radio Onda Cero FM 94.0), los vecinos se le quejan delante del micrófono por las presuntas negligencias de las autoridades y cada uno vierte una teoría sobre la mejor estrategia para que el incendio remita. Haber acertado con La Palma y la Gomera, borrando ambas islas en poco tiempo de un triple titular al rojo vivo,  no impide que se superpongan los debates sobre la pinocha, los retrasos del operativo y la presencia de los hidroaviones.

 

De nada vale apelar a las temperaturas, el régimen de vientos o el invierno seco que precede a los eventos forestales de esta semana, porque el ciudadano no tiene a quién pedir cuentas de esas tres adversidades naturales. Sí, en cambio, se pregunta si se practica una política adecuada, de carácter preventivo, en la recogida y acopio conveniente de pinocha para la fertilidad del suelo, dada su condición de peligroso combustible a la primera de cambio; o si se interviene siempre con prontitud y eficacia, al menor conato, habida cuenta que las primeras 24 horas son decisivas para impedir la propagación (como en Vilaflor, Guía de Isora y los aledaños del Parque nacional del Teide), o, a su vez, por qué recóndita razón no hay una base de hidroaviones (tres, dos, uno al menos) en nuestro archipiélago.

 

Canarias, el territorio con la biodiversidad más rica de Europa, siendo una comunidad que protege más del 40% de su superficie, carece de medios de lucha aérea contra las llamas. Y, por tanto, está todavía –centenares de incendios después,  alguno con una veintena de muertos, como  en La Gomera, en 1984, como es de sobra conocido- en pañales cuando el pirómano de turno, o un cohete perdido o una quema imprudente de rastrojos, despierta al monstruo y el monte se quema. Un sinsentido más para la buchaca.

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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