Por qué no me callo. EN EL CORREDOR DEL RESCATE

 

 

Llamo a un amigo economista de fiar. Suelo hacerlo con tres o cuatro muy cercanos cuando la cosa se pone fea.

-¿Has visto la prima de riesgo? Está por encima de 600. ¿Qué va a pasar ahora?

Al otro lado del teléfono se escucha su voz templada:

-Era lo previsible –no sé por qué, su tono me serena-.

-¿Es la señal de que vamos a ser rescatados?

-No tiene por qué necesariamente, siendo posible. Desde que pasamos de 300 cruzamos la línea roja. Pero no hay ningún límite estricto para ello.

-No podemos seguir así eternamente, pagando intereses astronómicos, al borde del ‘default’ (suspensión de pagos).

-Exacto. Alemania debe entrar en razón, y con ella los demás países que financian su deuda gratis ‘gracias’ a nuestras ‘desgracias’ (las de España e Italia).

-¿Y cuál es la salida de este callejón, si la tiene?

-El BCE tendrá que comprar deuda en el mercado secundario.

-¿Puede hacerlo cuando quiera?

-Ya lo ha hecho antes sin dificultad.

-¿Cuándo volverá a hacerlo, a tu juicio?

-Tradicionalmente, agosto es un mes favorable para calmar los mercados.

O sea, agosto. Cuando cuelgo el teléfono, ya con el diagnóstico del catedrático de Economía Aplicada José Luis Rivero (Universidad de La Laguna), me siento menos ansioso. Estamos en el vórtice del huracán y vamos perdiendo la perspectiva, borrachos de crisis. Pero si esta recesión ya sabemos que va a durar otro año y, rehenes del dogmatismo alemán, nuestra receta es un despropósito, cobra cuerpo la sospecha de que estamos a la deriva, sin brújula. Supongamos que en Europa los dirigentes hayan perdido el juicio, camino de enterrar el euro. Apelamos a EE.UU y hasta noviembre, tras las urnas, no hay nada que hacer: si aguantamos, un Obama reelegido y reforzado podría acaso, como en el último G-20, intimidar a Berlín, que es un Gran Hermano sin fórmula para resolver este problema. Todas las miradas perforan a Draghi (BCE) para que intervenga en el mercado secundario de la deuda. Es un clamor en el desierto hasta ahora. Necesita el OK alemán (“¡nein!”). Ni la ayuda bancaria, ni la sobredosis de ajuste de Rajoy sedujeron a los mercados, que no eran ajenos a las primeras autonomías que piden, inmolándose, la intervención a Madrid. Nos encontramos en el corredor del rescate total, cierto, salvo que Draghi abra la mano. Ese que implora en la viñeta de El Roto, “¡deje de salvarme, que me ahoga!”, somos usted y yo. ¿Toca rezar? Como dice el periodista colombiano Marco Schwartz, citando a Gustave Flaubert y Marguerite Yourcernar, estamos como cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún. Dirijamos nuestras oraciones, entonces, al BCE, para que nos compre deuda. No más tarde de agosto.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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