MADRID-CANARIAS. POLÉMICA SOBRE LAS CENIZAS

 

La ola de calor desencadenó una catástrofe. El fuego quemó montes y casas; arrasó con animales y puso en peligro vidas humanas. La polémica entre el ministro Cañete y el Gobierno canario sobre la atribución de responsabilidades no suma, sino resta. Evidencia las malas relaciones de los dos gobiernos, que en situaciones de emergencia agrandan el abismo que les separa. Esta disfunción no puede prolongarse en el tiempo, en ninguna de las facetas, pero mucho menos en la lucha contra el fuego, dado el continuo riesgo al que vivimos expuestos, como nos lo recuerda por anticipado la próxima ola de calor (la sexta en este verano) a que se enfrenta Canarias desde este domingo.

 

El balance de hectáreas afectadas y los daños materiales engrosan las pérdidas, pero las virtuales negligencias, descoordinaciones y malas políticas preventivas deben analizarse a fondo, sin paliativos. En una mesa de trabajo común Canarias-Estado.

 

Este verano ha sido el peor en una década para España en incendios forestales. Cierto que las altas temperaturas (y la ausencia de alisios en Canarias) han sido el abono de la crisis ambiental que nos ha tocado padecer. Sin embargo, el clima no es suficiente pretexto, habida cuenta la experiencia en territorios boscosos como el nuestro, que han sufrido incendios históricos, como el del 84 en La Gomera y los múltiples y devastadores fuegos de Tenerife, Gran Canaria, La Palma y El Hierro hasta fechas recientes.

 

Hemos avanzado en la protección de vidas humanas (sin lugar a dudas, lo más importante), como demuestran las operaciones masivas de desalojos, a todas luces exitosas. Pero algo (un algo muy amplio, denso y diverso,  con toda seguridad) falla: la limpieza de los suelos, en todas sus modalidades; la red de vigilancia instantánea para abortar los conatos en las primeras 24 horas,; una más eficiente labor de detección y detención de pirómanos, y, entre otras prioridades, una eventual base de medios aéreos, en particular hidroaviones, que demanda el archipiélago, por definición fragmentado, expuesto a incendios forestales aquí y allá, a causa de su volumen de vegetación, que exige un tratamiento altamente cualificado en las labores de protección civil, dada la relevancia de sus espacios protegidos: parques nacionales, patrimonios de la Humanidad y reservas de la biosfera.

 

Ese algo abstracto que conviene pormenorizar, y que entraña el foco de discrepancia de las dos Administraciones, se interpone ahora mismo entre el ministro de Medio Ambiente y la comunidad autónoma canaria, cuyo titular reclama a Madrid hidroaviones, mientras el ministro le reprocha a las islas no haberlos adquirido por su propia ‘cuenta’.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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