LA INMENSA MAYORÍA, LA INMENSA MINORÍA Y RAJOY

 

 

La recrecida presión de la calle amenaza la estabilidad de los mercados y la propia estabilidad política de los países en crisis.

 

Es el caso de Grecia (que afronta la primera huelga general de la era Samarás), Portugal (que acaba de dar marcha atrás en los últimos recortes salariales por la masiva queja de la calle) y España, que viene de sufrir esta semana escenas de violencia callejera contra los ajustes de Rajoy.

 

Pero de la crisis, si se sale es con el lenguaje que nadie utiliza hasta ahora, el mismo que introdujo Suárez (el martes cumplió 80 años): el consenso. Aunque su sola mención me merezca cierta burla por mi candidez.

 

España nunca fue un país de pactos, pese a que los de la Moncloa y la propia Constitución lo desmientan. Y en medio de esta vorágine económica, enfrentados a los mercados que secundan mecánicamente las ocurrencias e insidias de ricacho de Alemania, Holanda y Finlandia, se está imponiendo el lenguaje de la violencia, que es un círculo vicioso, en el que fácilmente pican los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, ávidos de cruzar la raya a la primera oportunidad.

 

Esta es la semana de la vuelta al principio de la escalada que nos ha ido hundiendo en una profunda recesión, a falta de recetas más inteligentes que la austeridad germánica que se muerde la cola: la semana de las bolsas en retroceso, del alza de la prima de riesgo, de la declaración malévola del trío nórdico contra la recapitalización directa de la banca española, del órdago independentista catalán (elecciones anticipadas el 25 de noviembre), del donde dije digo,digo Diego sobre la reforma del sistema de financiación…., y de la presentación este jueves del hueso de 2013: los Presupuestos Generales del Estado, que congelarán una vez más el sueldo de los funcionarios y las sorpresas que estén por venir.

 

Desde Nueva York, Rajoy, mientras medita si pedir finalmente el rescate global acuciado por las nuevas circunstancias, alardea del silencio hogareño de la inmensa mayoría de españoles, que no se manifiesta ni abre los telediarios (porque no se manifiesta) y traga los sacrificios que impone el Gobierno. Ya apeló Juan Ramón Jiménez a “la inmensa minoría”. Y es que olvidamos con desconsideración democrática, la valiosa opinión de las minorías. Que, en  ocasiones, son, incluso, las que gobiernan.

 

Pero es la dinámica del furor ciudadano donde antes era foro, lo que puede tirar por tierra, en este país de calderos al fuego, la paz social, la económica y también la política. Rebasado el umbral tolerable de paro, sólo si se ataja de raíz esta espiral se evitan males mayores. Pero si, como cabe presumir, la pérdida galopante del sentido común, el divorcio entre las fuerzas políticas y el absolutismo de la mayoría del PP impiden un marco de diálogo y concertación imprescindible en estas horas críticas, la olla se desbordará y puede pasar cualquier cosa.

 

Era un país cívico que hizo la Transición, un país que digería pacíficamente los recortes intransigentes impuestos por Bruselas, y un país que, de pronto, sacó del baúl su cainismo, las dos Españas, el guerracivilismo ancestral y se yugoslavizó. Dios no lo quiera, Obama.

 

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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