EL POETA INEFABLE. Homenaje a Mariano Vega

 

De Mariano Vega hablan con dolor o duelo y nostalgia los amigos en el libro homenaje que edita el Ateneo, la casa que él presidió como un hogar. Elsa López, que ahora es la jefa, ha abierto este libro, ‘Palabras para Mariano’, ‘donde giran las páginas’, o sea en el Ateneo de ambos, según aquel verso del propio poeta desaparecido que dio título a uno de sus libros por sugerencia de Miguel Martinón.

 

Aquí se cuentan sentimientos y anécdotas de ese río donde fluye la amistad, el río en el que ríe Mariano, por cierto, como recuerdan en el opúsculo Daniel Duque y Alberto Omar (“su risa tan afable”). Y es que, en efecto, aquel bondadoso hombre de buenas maneras y talento para la amistad era un excelente autor literario que gozaba de dos dones, además de: un sentido graciano de la prudencia y un sentido gracioso de la vida. En esa limpia mirada que tenía Mariano en los ojos más fieles que he conocido, tan pronto gestionaba la vida con una educación exquisita de otro tiempo, como asomaba aquella chispa inteligente donde el chiste combatía el tedio.

 

Pero, claro, en estas páginas, de síntesis monterrosiana, sus amigos, todos ellos y ellas de letras, hablan de él queriendo secundar su serenidad, reprimiendo el dolor de la pérdida con los haikus del instante, que era su tema. “Instante del crepúsculo, oh dimensión sin nombre”, proclama Arturo Maccanti. Un instante vivido desde la “eticidad”, como si diera color a la mirada, según se desprende de ‘El paseante del paisaje’, de Elica Ramos.

 

Como le conocía y quería tanto, Fernando Delgado no puede sino sentirlo parte de su memoria más íntima, y le cuesta escribir acerca de su falta. “Soy yo el que vive de él”, llega a afirmar desde la herencia de afectos legados. Fernando nos dijo en la tertulia de las mañanas del Mencey (Teide Radio) que confía en ver publicada la obra poética completa de su amigo Mariano, porque esa es la mejor manera de recordar a un escritor.

 

En una ocasión, acaso la más breve de nuestros esporádicos encuentros casuales, Mariano me dijo en la barra de un bar que él escribía

“cuando

ella

llama”

 

y que, así pasaran meses sin tener noticias de la poesía, no se preocupaba, ya le avisaría.

 

En el libro colectivo ‘Palabras para Mariano’, presentado en el acto in memorian del escritor y periodista, Cecilia Domínguez Luis y Juan Cruz hablan del aire, del “aire sin Mariano”, como dice el último Premio Nacional de Periodismo Cultural, ese aire ahora “irrespirable”, enfatiza el autor de ‘Egos revueltos’, “porque la falta de Mariano es un dolor muy serio, como perder la respiración.” Ese aire donde vuelan los mirlos hasta las ventanas, escribe Alberto Pizarro.

Lo paradójico de Mariano Vega-Luque era que amando como amaba como a Olga a las palabras que cernía en su cedazo, en realidad era, según Domingo Pérez Minik, un poeta inefable de “lo que no se puede expresar con palabras”, como apunta en un texto entrañable Juan Pedro Castañeda. Y esos no-libros, aquellas no-palabras, o sea todo su aire, todo su instante y melodía son para María José Alemán  un ‘tagame’, en la terminología del novelista japonés Kenzaburu Oé, un instrumento natural para dialogar con el ausente y que él nos dialogue. Aquel ateneísta poseía una hermosa voz, con la que comunicaba y se comunicaba, así que no nos cuesta trabajo imaginarle en sus versos, sus piezas teatrales, sus entrevistas y lienzos, sus artículos y hasta su inédita novela, como si en todo ese material plástico y literario siempre nos hubiera estando hablando Mariano (el locutor) desde muy lejos, hasta el extremo de que nos parece ahora que no lo está tanto.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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