A MARIA DUEÑAS YA LA LEEN LOS CHINOS

 

A la autora de ‘El tiempo entre costuras’ no le cuesta ser sencilla, porque desprende naturalidad. Estaba alojada en el Mencey, acababa de llegar esta mañana de pequeña lluvia intermitente a la isla, y Marlene Meneses la invitó a intervenir en nuestra tertulia matutina de ‘Canarias en la Onda’. Viene a presentar su nueva obra en CajaCanarias y el Corte Inglés. Estaba feliz en ‘Las Mañanas del Mencey’ de Teide Radio, se sentía arropada. “Estoy viajando y todos son muy cálidos conmigo”. Fue media hora de conversación literaria, por momentos económica o política, pero la escritora no perdió la sonrisa, que no proviene únicamente del millón de novelas que ha vendido de su fabula acerca de la modista Siro Quiroga y su taller de costura en Marruecos, la historia que la ha hecho una autora bestseller en el mejor sentido de esta palabra maldita. Dueñas lo es, por tanto, de una afabilidad muy cercana, como coincidimos Leopoldo Fernández, José Antonio Pardellas, la Meneses y el que suscribe. No se le ha subido a la cabeza el éxito en Planeta, las traducciones, incluso los primeros cien mil ejemplares que ya ha vendido en chino, ni la buena acogida de la segunda obra, que la traslada de escenario a las misiones de California, ‘Misión Olvido’. Le conté lo que me dijo uno de sus editores, elogiosamente, sobre ella y su novela inesperada y deslumbrante. Animó la autora a las mujeres a ponerse a escribir. Casi diríase que brindamos por José Manuel Caballero Bonald, antes de que se le diera esta mañana el Cervantes. Es creíble y querible esta mujer que admite que empezó a escribir sin propósito preconcebido, alentada por una memoria familiar que le incitaba a desenterrar una ficción pendiente a dos pasos de aquí, que era un territorio virgen a la espera de una gran novela. María Dueñas, a la que el cine agradece su aire fresco de filóloga lectora que amaba sus novelas antes de ser escritas como si las hubiera leído en la memoria del alma cuando aún no se sabía autora de ellas, viene a Tenerife, está recién llegada, trae recuerdos afectuosos de su padre –canarófilo, si así se le puede definir-, retrata con su cámara los jardines del hotel, va a su ritmo, con serenidad contagiosa, gusta de hacer novelas luminosas y se niega a inspirarse en la crisis. Sería una novela negra le digo.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario