(de la web de RTVC)La última entrevista del abogado independentista CUBILLO EN ‘EL ENVITE’(TVC): “TODO AHORA ES PARTE DE LA HISTORIA” .Las revelaciones de un programa de televisión que ya es un documento histórico

La figura de Antonio Cubillo Ferreira, que tanta ‘guerra’ dio a los gobiernos de España en la Transición y primeros años de la democracia, ha pasado desde la madrugada de este lunes a ocupar un espacio dentro de ese campo neutral que es la historia, y que permitirá analizarlo con una perspectiva menos superficial, incluso menos subjetiva.

 

En ‘El Envite’ de la TVC, del pasado 30 de octubre (reemitido en la noche del mismo lunes, a raíz de la muerte del protagonista), su última entrevista en una televisión, y quizá la última en cualquier medio, tuve la oportunidad de moderar una mesa de lujo, con el propio abogado independentista; el expresidente del Gobierno canario y exasesor de Suárez, Lorenzo Olarte; el catedrático de Filología de la ULL y presidente del PNC, Juan Manuel García Ramos; el historiador y profesor de la misma universidad Domingo Garí, y el periodista y exdirector de Diario de Avisos Leopoldo Fernández. Creo que se trata de un excelente documento periodístico e histórico. He aquí un extracto a vuela pluma de lo que allí se dijo delante de las cámaras de la televisión pública de Canarias.

 

El programa consistió en una reflexión sobre la historia política del último medio siglo de Canarias, a través de Cubillo, a partir del estreno del documental ‘Historia de un crimen de Estado’, de Eduardo Cubillo Blasco (cinta preseleccionada para los premios Goya), una película sin duda sobresaliente en su género con la que debuta su realizador, sobrino del propio dirigente fallecido.

 

Comencé preguntándole al abogado y político cómo asistía a la historia de su vida narrada en el documental, con casi cuarenta años de distancia, y me respondió con sinceridad: “Me he emocionado. Pasé 25 años en Argel y todo ahora es parte de la historia”. Cubillo citó a personajes que habían muerto, como el Che, Bumedián o Ben Bella, con los que compartía escenas del documental, ajeno a que le quedaban escasamente semanas de vida para entrar, también él, en la historia, acaso ya fuera de un ámbito de irrealidad que le envolvió a lo largo de su vida laberíntica.

 

La noche de las bombillas rotas

El mercenario Juan Antonio Alfonso relató en la cinta cómo fue la noche del 5 de abril de 1978, en que atentó contra Cubillo en Argel, sentado ahora frente a él en Tenerife: “Llegue a su casa, rompí las bombillas y lo esperé. Cuando lo vi, aguardé a que llamara al ascensor y le metí el cuchillo en el estómago y en toda la espalda. Me sequé la sangre de los zapatos y me fui convencido de que estaba muerto”. Alfonso no pudo imaginar que Cubillo se agarró sus propias entrañas con las manos, pidió ayuda, y gracias a que era una tarde de fútbol y las calles estaban desiertas, la ambulancia lo llevó volando al hospital. Perdió mucha sangre, pero sobrevivió y tanto su verdugo como un cómplice fueron detenidos y condenados.

 

“Yo no tengo nada contra él –intervino Cubillo tras el extracto del documental-, sino contra Martín Villa”. Cubillo aseguraba –y citada en el mismo sentido las revelaciones del exgeneral de la Guardia Civil Sáenz de Santamaría- que el exministro de la Gobernación en el Gobierno de Suárez era la equis de su atentado, por el que fue indemnizado, “como terrorismo de Estado” –subrayaba el abogado- con 25 millones de las antiguas pesetas, según ordenó la Audiencia nacional en julio de 1990. Dijo que, como enemigo de la pena de muerte, había mediado ante el gobierno argelino para que Alfonso no fuera ejecutado, como pedía la sentencia. Por su parte, el sicario le reveló que le habían encomendado dinamitar el coche de Cubillo, pero se arrepintió cuando vio que le acompañaba su mujer y sus hijos. Ambos se dieron las gracias y Cubillo lo perdonó.

La acusación de Olarte

Olarte intervino con una acusación sin resentimiento hacia el propio Cubillo. “Tengo la certeza de que Antonio quiso asesinarme. Obtuve pruebas de Conesa. Pero hoy puedo decir con afecto que estoy convencido de que es un hombre bueno”. Cubillo esta vez no pestañeó como en la primera ocasión en que, en mi presencia, también ante unas cámaras de televisión, Olarte le espetó en la cara la misma aseveración. En ‘El Envite’ ambos llegaron a bromear sobre el incidente (“Si tu no pides perdón, yo te perdono”, ironizó el fundador del CCN). “Eso no es cierto”, se defendió, al fin, Cubillo, “Conesa se inventaba atentados falsos que nos atribuia. Una vez fabuló sobre un supuesto intento del MPAIAC –organización liderada por el abogado- de asesinar al Rey en Baleares, y se libraron cinco millones de pesetas, que se los repartieron unos cuantos. A Olarte le dijo eso y él se lo creyó. Olarte no era el enemigo”.

 

García Ramos hizo un comentario de admiración para el realizador del documental sobre el encuentro “entre  la víctima y el verdugo”, y dijo que era “el gran hallazgo de la película”.

 

Le pregunté a bocajarro: “¿Quiere usted pedir perdón por algún error cometido?” Dijo que no tenía consciencia de haber infligido daño personal a nadie, ni siquiera cuando se abordó el trágico accidente de los Rodeos, el 27 de marzo de 1977, al colisionar dos aviones que habían  sido desviados a Los Rodeos por un artefacto del MPAIAC que explosionó en la floristería de Gando. Cubillo lo atribuyó al control aéreo, ciertamente insuficiente para el colapso de vuelos de ese día, y los demás contertulios coincidieron en liberarle de esa responsabilidad. Leopoldo Fernández precisó que, “aunque indirectamente pudieran estar relacionados los hechos, directamente no, desde luego”. Cubillo insistía en que él había hecho una revolución de modesto alcance, siguiendo el consejo del Che: “No se te ocurra hacer una lucha armada, sino una guerra de pulgas, como los vietnamitas.”

Canarios y ‘godos’

Se produjo un tenso debate entre Cubillo y Leopoldo Fernández sobre la condición de canario: el primero excluyó a los no nacidos y sin ascendientes isleños; el segundo defendió la canariedad del que “vive y siente esta tierra”. Para Cubillo no hay dos millones de canarios, sino uno. En el mismo sentido, aludió al término ‘godo’ como una herencia argentina para referirse a los españoles peninsulares por parte del general San Martín.

 

Relató su encuentro en París con Carrillo, con motivo de un viaje a Madrid para un recurso sobre el caso de los panaderos que él defendía como abogado laboralista. Sagaseta y Carlos Suárez, ‘el Látigo Negro’, fundadores los tres del movimiento Canarias Libre de los años 60, le pidieron que hablara con el secretario general del PCE. En aquellos tiempos, Cubillo y sus compañeros tenían militancia comunista. El abogado canario salió desencantado de la entrevista, porque Carrillo desaprobó la deriva independentista de la célula insular del partido.

 

En otro momento del programa, Olarte argumentó por qué, “gracias al fenómeno Cubillo, Suárez sacaba tajada para Canarias cuando sus ministros se oponían”. Contó Olarte que Fernández Ordóñez y algún otro ponían objeciones a los favores del presidente hacia las islas. “Entonces, Suárez los callaba sacándole el caso Cubillo. Como no es ningún secreto, digo esto por primera vez.” García Ramos aprovechó para sacarle lasca a la anécdota: “Entonces, habrá que activar de nuevo el fenómeno Cubillo”, y resaltó la principal facultad del protagonista del programa: “Su imaginación; supo inteligentemente proyectar en el plano internacional su proyecto, con un error a mi juicio: la opción africanista.” Cubillo insistió en su tesis de que Canarias “es una colonia africana de España” y citó una resolución en ese sentido de la entonces Organización para la Unidad Africana (OUA, hoy Unidad Africana, UA).

 

Tanto Garí como Leopoldo Fernández intervinieron en repetidas ocasiones para enmarcar los acontecimientos en sus períodos históricos.

Se fue de Argel por temor

Cubillo confesó que decidió regresar a las islas cuando temió por su vida en Argel. El nuevo gobierno de Benjedid, que sucedió al fallecido Bumedián a finales de los 70, cedió ante España la libertad de los dos mercenarios que atentaron contra el canario, “a cambio de un cheque de 500 millones de dólares, que les adeudaba el gobierno español por el gas y el petróleo, y que Felipe González puso sobre la mesa con esa condición”, según el relato de Cubillo. Añadió que el jefe de los servicios secretos argelinos –amigo personal suyo- conoció el trueque de primera mano y se opuso sin éxito, y con posterioridad advirtió al abogado acogido en Argel desde 1963 que “ya no estaba seguro allí”. Poco tiempo después, su informante fue asesinado con toda su familia, y Cubillo salió de dudas y se marchó del país (aquí cabe añadir que con la decisiva cooperación de su amigo, el socialista Alberto de Armas, y el delegado del Gobierno entonces, Eligio Hernández).

Todos los participantes en el debate abordaron las declaraciones del exministro de Presidencia Otero Novas  sobre la importancia geoestratégica de Canarias en la pugna de las dos potencias del momento (EE.UU. y URSS) por hacerse presentes en el Mediterráneo y el Atlántico. El historiador Domingo Garí señaló: “En ese momento estaba la guerra fría, ahora lo que está es la apetencia por el control de los recursos de África Occidental, como vemos en el uso por la OTAN del Puerto de la Luz respecto al Sahel”, y apostilló: “Para los canarios, el factor geopolítico es el principal elemento identitario, lo que para otros es la lengua, por ejemplo, pero nosotros no lo hemos terminado de asumir”. Leopoldo Fernández abundó en este planteamiento: “Está para ilustrarlo el caso del Sáhara, cuya ocupación marroquí es consecuencia de ese conflicto de intereses.”

 

Las palabras de uno de los fundadores de ETA, Julen Madariaga, que en el documental le reconoce a Cubillo un “éxito diplomático del que carecíamos nosotros”, dio paso al debate sobre las relaciones del MPAIAC y ETA. Cubillo se defendió admitiendo que había tenido contacto con la banda terrorista del País Vasco, en virtud de su lucha por la autodeterminación, “sin entrar nunca a valorar sus métodos”.

 

El papel de la CIA

Se habló de la CIA y su papel en el atentado contra Cubillo. Este aceptó que suele estar implicada en asesinatos de líderes, como en el caso de Mehdi Ben Barka, con el que trabó amistad. “Nos solíamos ver en el mismo bar de Argel siempre, hasta que un día mataron en ese sitio a un tipo que se parecía a Ben Barka, y era su doble. Lo mandó matar la CIA, para impedir que viajara a Cuba a presidir el Movimiento de Países No Alineados.” (Ben Barka fue finalmente secuestrado y asesinado en París en 1965, en extrañas circunstancias).

 

Con cierto paralelismo, Cubillo fue apuñado en Argel cinco días antes de viajar a Roma el 10 de abril de 1978, para reunirse con William Eteki (secretario general de la OUA) y viajar juntos a Nueva York, con el fin de plantear la descolonización de Canarias ante la ONU. El atentado tenía la finalidad de impedir el famoso viaje de Cubillo a EE.UU., que habría supuesto un monumental ridículo para la diplomacia española. De ahí, el operativo puesto en marcha por los servicios policiales, según sentencia judicial. La policía española no habría actuado sola, sino con la connivencia de la alemana, según la investigación del Parlamento de Baja Sajonia. Le recordé a Cubillo que, según mis informaciones, de haber fracasado el atentado de Argel, le tenían preparado otro en el aeropuerto de Roma, organizado por un sórdido espía alemán, Werner Mauss, que permanece en activo sin haber sido juzgado por tales hechos. Cubillo confirmó este último extremo, poco conocido públicamente.

 

Olarte sostuvo por activa y por pasiva, que fue la CIA y no Martín Villa la autora intelectual de ese intento de asesinato que dejó parapléjico al abogado nacido en la Laguna en 1930. En otro momento, aceptó que “algunas veces no queda otro remedio que mirar para otro lado”.

 

“Los hombres de atrás”

Leopoldo Fernández fue del criterio, en contra de la opinión de García Ramos, de que con su retorno en 1985, “se acabó el mito Cubillo”, cuya cosecha de votos sería insignificante.  García Ramos no dejó de sorprenderse de las chapuzas de los servicios secretos españoles, algunos de cuyos exponentes, como el citado Espinosa, “parece más un yonqui”, asestó Garí. En los tribunales, Cubillo logró la condena de Espinosa a 20 años de reclusión por preparar su atentado; Conesa se libró, al huir a América y morir de cáncer sin poder ser juzgado. Y Martín Villa evitó, igualmente, sentarse en el banquillo, pese a que una querella suya contra Cubillo por la conocida acusación, la ganó el abogado canario, y la sentencia estableció que se indagara en “los hombres de atrás”, que planearon liquidar desde el Estado al líder independentista. El caso quedó sin cerrar.

 

Según el periodista José Díaz Herrera, el atentado fue presupuestado con 100 millones de las antiguas pesetas, “que se repartieron Conesa, sus amigos, una parte fue para Espinosa y algo tocaría a los dos asesinos”.

 

En el programa, Eligio Hernández, exfiscal General del Estado, y José Carlos Francisco, presidente de la CEOE-Tenerife, coincidieron en la inviabilidad de cualquier proceso independentista en España. Cubillo repuso que “la independencia de Canarias es viable por las buenas, clon un calendario a dos años vista”. García Ramos confirió ese estadio a la existencia de una mayoría evidente y consideró la crisis “una cómplice perversa  de la recentralización. Canarias tiene dos contratos, uno con España, a través del Estatuto y el REF, y otro con Europa mediante las condiciones excepcionales de integración, y se falta al respeto de los canarios cuando no se cumple la inversión estatal media en las islas”. Leopoldo  Fernández asignó cierta responsabilidad a los gobiernos canarios “por no haber sabido defenderse de un incumplimiento sistemático de ese mandato del REF”.

 

Cubillo cerró el programa con estas palabras de su repertorio más conocido: “Canarias es una colonia, porque fue conquistada con la fuerza de las armas en el siglo XV, y lo que procede es fijar un calendario de descolonización por la vía pacífica”. Cuarenta días después falleció en su domicilio de Santa Cruz de Tenerife, a los 82 años, dejando esposa y tres hijos.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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