QUE EL REY SE QUEDA

 

Con toda la inercia habitual del caso, el discurso de Navidad del Rey ha sido objeto de un variopinto desfile de reacciones, todas ellas a gusto del consumidor. El nuevo look labrado por la Casareal.es puede parecernos un intento in extremis para lavar cara de la cacería de Botsuana y el imputadísimo yerno. Pero, al margen de tales episodios que aún sumergen a la Monarquía en aguas revueltas y la hacen perder adeptos bajo la lupa del CIS, dígome que esta filípica navideña no me ha disgustado. Cierto que don Juan Carlos no está para tensarse las piernas semi sentado en la orilla del escritorio y que el tufo a maquillaje del desgaste de la Casa Real huele a través de los cátodos sin mayor éxito. Pero una cosa es la deriva de la Casa, arruinada su imagen por Iñaki Urdangarín y las escapadas con rifle del Rey antes del mea culpa, y otra la evidente demostración de que el Rey se está empleando a fondo por salvar los muebles de la Corona para sí mismo. Como diría, Carlos de Inglaterra, a don Felipe se le “acaba el tiempo”. El tiempo de la Monarquía, que es posible que se asocie demasiado a la figura de su padre como para que le sobreviva. Cosa que la Casa no sabe, ni hay periodista que pueda pronosticar a ciencia cierta. Dígolo por el tono de obituario sobre el estado de salud de la Monarquía que el periodismo español más a la izquierda se precipita a pronosticar republicanamente, para reivindicarse y alejarse de la derechona ‘real’. No me disgustó su defensa de la política en tiempos de descrédito demoscópico de los partidos y dirigentes, su defensa de “austeridad más crecimiento” (que afeaba la conducta a Rajoy, se mire como se quiera) y de la América que vino a Cádiz a celebrar la cumbre de la Constitución bicentenaria. No habló del yerno, ni de Mas, ni de otras cosas. Dijo, simplemente, que este es el peor momento de nuestra historia. Y entredijo que el Rey no abdica, oiga.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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