Por qué no me callo. MAMÁ ZAIDA

 

Siempre nos contó que Antonio Machín se fijó en ella una vez por la calle y le regaló entradas para que lo viera actuar en el Guimerá. Que las chicas de su época eran costureras y no estudiaban. Y que desde niña se hizo experta en pasar el fielato. Mi madre se llamaba Zaida (en árabe, “la que crece”). Era morena y menuda, su rostro a salvo de la vejez, y no perdió nunca el sentido del humor. Su último nieto, de este padre tardío, le arrancaba las risas. Cuando muere tu madre se detiene el mundo. Al menos para ti. El mundo es la madre y cuesta dejar de tenerla. Mi madre no tenía una biografía al uso. Era una persona invisible, de cuyo anonimato extremo dan fe los escasos testimonios de ella en fotos y grabaciones a partir de cierta edad. No le gustaba verse ni oírse, habiendo sido una novia bellísima, con cintura de avispa, en las pocas imágenes que recuerdo de su boda en los años 50. Mi padre la enamoró por arte de birlibirloque hasta conturbarla y arrancarle un sí contra todo pronóstico. Sesenta años después, ya octogenarios los dos, seguían librando esporádicas batallas de celos y porfías como cuando mis hermanos Martín, Yaya, Ana y yo, de niños, terciábamos para que nunca se separaran. Llegaron como náufragos de una ardua travesía a orillas de esta crisis pavorosa. Eran dos supervivientes natos de un siglo antipático, su memoria estaba hecha de posguerras, estrecheces, otras crisis y ciertas almas filantrópicas, cuando no había ongs, que nos echaron un cabo providencial. En la familia supimos siempre que tendríamos que remar contra corriente. Se es de arriba o de abajo. Ella, de lágrima fácil, sufría con las puyas a los hijos que en el periodismo se padecen de oficio. Hasta que se acostumbró con la praxis de una televidente de reality shows y se reía sin inquina de las habladurías. Ahora te has ido, por fin a levitar, sin los kilos de más, mamá, y te busco desesperado aquí, entre las nubes de Perú.

 

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 2 comentarios

2 Respuestas a Por qué no me callo. MAMÁ ZAIDA

  1. mariela

    estamos contigo Carmelo, bellas palabras para tu madre, que es ella quien lo da todo por los hijos.

     
  2. Ana María Díaz Franquet

    siempre me sentí privilegiada, una señora que ha teniendo unos hijos tan maravillosos y que la querían tanto ,Zaida tenía un lugar en su corazón para mí…Te QUIERO amiga.

     

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