PACO DELGADO, EL VIAJE DE UN CANARIO A LOS OSCAR

 

El caso del diseñador lanzaroteño Paco Delgado, nominado hoy al Oscar al mejor vestuario por su trabajo en ‘Los miserables’ (el exitoso musical de Tom Hooper basado en la novela de Víctor Hugo) ratifica una suerte de predisposición de artistas canarios hacia un género que ya no pasa de incógnito para el espectador y comienza a brillar por derecho propio a la hora de los reconocimientos.

 

El figurinista canario vive un espléndido inicio de año dorado, con otra candidatura de lujo simultánea, como aspirante al Goya por su contribución a la cinta favorita ‘Blancanieves’, de Pablo Berger.

 

La hazaña de ‘Los miserables’, en términos de vestuario, no ha sido un desafío menor para el conejero, que tuvo que confeccionar 2.200 trajes para un cartel superpoblado de extras del siglo XIX (4.400), con la misión de amenizar por todos los medios una película larga, sin que el público se resienta. Delgado es un artista consumado del diseño cinematográfico, ducho en esa clase de retos visuales. Atesora cuatro nominaciones a la estatuilla española y ahora se convierte en el primer canario, en el apartado técnico, en pisar la alfombra roja de Hollywood (el 24 de febrero). Sigue, en cualquier caso, la estela de otros intrépidos paisanos que probaron similar fortuna entre los elegidos del cine internacional, en cuya cronología sigue sorprendiendo aquella tentativa llena de coraje de Juan Carlos Fresnadillo, que a finales de los 90 coló inesperadamente su corto ‘Esposados’ (Zodiac, la Mirada y Papi Producciones) en la gala de los que tocan el cielo del cine.

 

Esta es una sensacional noticia para un arte por el que esta tierra siente predilección, pese a las dificultades para abrirse paso en un mundo pequeño de grandes piedras en el camino. A Canarias todavía le cuesta trabajo ‘creerse’, creer en sus posibilidades industriales y artísticas dentro del cine, la danza, el teatro o la música, más allá de cierta buena voluntad en el momento de los discursos.

 

Una generación de emprendedores creativos, que habitualmente salta a la primera de cambio de las islas a Madrid o Barcelona, ha ido cosechando éxitos tras éxitos, corroborados últimamente con premios nacionales que antes parecían inaccesibles. El cine, en particular, está dando respuesta –y cachetada- a la desidia del ‘establishment’ hacia estos ámbitos culturales que demandan, al contrario, un urgente respaldo y promoción. Reconstruir los hitos alcanzados en este campo hasta hace apenas unos tres, cuatro años de respaldo oficial a los cineasta locales, y contrastarlo con los presupuestos que desmienten (y desmontan) esa misma apuesta, conduce a la melancolía. De ahí con qué sobresalto asistimos al despegue de Paco Delgado a la meca del cine del mundo.

 

Delgado fue de los jóvenes que tuvo que formarse fuera, en su caso en el Institut del Teatre de Barcelona y en el Motley Theatre Design Course en Londres, a comienzos de los noventa. Enseguida se enroló en aventuras cinematográficas como ayudante sin dejar de vivir en Londres, hasta que fue escalando peldaños y logró asumir la autoría completa de un vestuario y abrió una tienda taller propia en el barrio madrileño de Malasaña, verdadero laboratorio desde el que produce sus celebradas figuraciones.

 

A Paco Delgado le han costado muchos kilómetros de trayecto estas dos nominaciones a los Oscar y los Goya (17 de febrero). Es un diseñador de referencia en la cinematografía de Álex de la Iglesia y Almodóvar. Sin embargo, fue su incursión en un filme de Alejandro González Iñárritu, ‘Biutiful’ (2010), que considera su mejor y más arriesgado trabajo, y un spot de un ron en Cádiz lo que le llevó a ‘Los miserables’, tras conocer a su director. La vida lleva de la mano a aquel que nunca olvida tenerla tendida.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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