Por qué no me callo. EL SUEÑO EN LLAMAS

Las circunstancias de la vida. Nadie podía imaginar en las antesalas de la ‘gala’ que a aquella joven reluciente, dueña de un sueño, que accedía a hacerse fotos de recuerdo con sus incipientes fans, nosotros, ajenos al carácter voluble de los días, le aguardaba –en la boca del lobo- un racimo de llamas. La de Saida es una historia esquiva en un destino incongruente. Nunca sucedió nada grave que nadie lamentara jamás, pero esta vez se dio cita la tragedia y la víctima inopinada, candidata a reina, corrió serio peligro durante la noche de fantasía. Todo seguirá transcurriendo de modo inconexo hasta que la historia recobre su coherencia alterada al filo del sueño. En la hoguera del Carnaval se queman, si acaso, los viejos disfraces, nunca se había quemado uno sin estrenar, el día en que esperaban verlo todos los focos. La ruleta de la gala tenía, además, reservado el número 7, como el detonante, para echar por tierra toda la magia de ese sueño acariciado. Como quiera que los sueños no tienen lógica, el de Saida se truncó fatalmente en ese preciso número que era –ah, la pócima adulterada- el elixir de los cabalistas, y resultó ser la puerta de atrás del sueño desencantado. Nadie se explica el giro de los acontecimientos. ¿Por qué el aire sopló al revés y prendieron fuego al vestido las siete velas del candelabro? Como dos verdades que, juntas, se contradicen, a un lado de la pantalla gigante, la gala discurría en toda su apoteosis bajo las luces estelares, mientras al otro lado, ‘Isis, reina de los dioses’ –la alegoría de Saida, del Bulevar y Diario de Avisos- ardía en la trágica velada. Con la sonrisa del fuego no se juega ni en Carnavales. Nuevos episodios, a buen seguro, vendrán a revelarnos las extrañas vicisitudes de este insólito mito recién fundado. La aspirante a reina que se quema con su traje la noche de la coronación… Saida debe ponerse bien. Y volver a la escena de los hechos, otra noche, a cumplir su sueño. Este es un cuento inconcluso. Le falta el final feliz.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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