EL REY Y RAJOY DESAYUNAN CON CHANTAJE

 

Se mire como se mire, la vida pública española está en manos de dos presuntos chantajistas, dispuestos a morir matando: Diego Torres y Luis Bárcenas. Ambos –cada cual en su caso respectivo- han elegido las mismas armas: el ataque documentado con tal de limitar sus propias responsabilidades en sendos escándalos de supuesta corrupción a gran escala.

 

El debate del estado de la nación, sobre el que planeó en todo momento la sombra de Bárcenas, y la crisis institucional en que se debate la Corona a rebufo de los correos comprometedores para el propio Rey del exsocio de Urdangarín (“Todo lo hacíamos con el consentimiento de la Casa Real”, dijo Torres al fiscal), constituyen el reflejo de una misma estrategia por parte de dos personas que manejan poderosa información y que, de la noche a la mañana, han cobrado una notoriedad inusitada, bajo la cual ponen en jaque, nada menos, que a la Monarquía y a la Moncloa, al jefe del Estado y al Jefe del Gobierno.

 

Rajoy, evitando en todo momento mencionar el nombre del extesorero, hizo acto de contrición (su partido admitió que “fallaron los controles y se relajó la exigencia ética”, según su portavoz en el Congreso, Alfonso Alonso), sin asumir culpa alguna, y formuló una propuesta de pacto contra la corrupción –bien acogida, pese a las dura controversia por el jefe de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba-, mediante el control exhaustivo de la financiación de los partidos, su sometimiento a la Ley de Transparencia y reformas legales de calado –entre otras del Código Penal- para endurecer las penas.

 

Pero ha trascendido que Bárcenas, personaje maquiavélico que revela un plan premeditado de carácter coactivo para manchar al PP y sus dirigentes mientras le juzgan a él, acudió al notario en diciembre, al sentirse acorralado por el hallazgo de su cuenta millonaria en Suiza, para acreditar que él y Álvaro Lapuerta, anterior tesorero del partido, registraron los donativos al PP  –pormenorizadamente- entre el 94 y 2009 y los  perceptores de fondos. La bomba de relojería, que constaría de nombres, fechas y cantidades, obra en poder del juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz.

 

De ser cierto que ambos administradores –y en particular, Bárcenas- llevaron una cuenta analítica que coincidiera con los ‘papeles secretos’ desvelados por El País, cuya autoría negó el extesorero investigado en el caso Gúrtel, las consecuencias políticas de tal cosa, en la que estarían incluidos los famosos ‘sobresueldos’ desmentidos por Rajoy y otros altos dirigentes, son fáciles de adivinar, por su gravedad.

 

Otro tanto sucede con la Casa del Rey, ante la tensión sin precedentes desatada por los correos que Diego Torres ha trasladado al juez del caso Nóos, y que salpicarían, no sólo a la infanta Cristina, sino al propio don Juan Carlos. En este contexto, el primer secretario de los socialistas catalanes, Pere Navarro, ha pedido, contrariando a su propio partido, que el Rey abdique en favor de su hijo, el príncipe Felipe.

 

Los dos ventiladores están esparciendo en ambas direcciones –Gobierno y Corona- la basura de la democracia, que es la corrupción, algo que hasta ahora afectaba a particulares y partidos, sin llegar tan lejos. Se da la circunstancia de que, tres décadas después de la Transición, los bajos fondos de la política y los negocios han aflorado como si se hubieran destapado las alcantarillas de instituciones del máximo nivel.

 

El grado de descrédito de la clase política –y ahora también de La Zarzuela- y el grado de deterioro de la economía a causa de la crisis dibujan una situación límite que atenta contra los pilares de la mismísima democracia, incapaz a estas alturas de una metamorfosis ética sin haber sufrido antes una profunda catarsis que alcance a partidos, dirigentes e instituciones.

 

Y la más dramática premisa es que no está claro si un sistema político que toca fondo de esta manera, con claros síntomas de metástasis (a la recesión económica, el paro y el desprestigio político se suman incidentes sociales como los desahucios y suicidios, la parálisis casi catatónica del consumo y un continuo haraquiri empresarial, como ahora sucede con el cierre de agencias del operador turístico Orizonia y el concurso de acreedores del gigante inmobiliario Reyal Urbis) está en condiciones de reinventarse por sí solo en un tiempo récord sin riesgo de quiebra, con medidas de cirugía menor que evitan cortar por lo sano hasta el momento.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a EL REY Y RAJOY DESAYUNAN CON CHANTAJE

  1. Manuel Dóniz García

    Creo que tanto Barcernas como Diego Torres no son chantagistas, al menos entendiendo la palabra como sujetos que quieren sacar un beneficio económico de algun secreto inconfesable. Más bien son conmilitones de negocios sucios que, al verse descubiertos, se agarran a lo que pueden, como náufragos a tablas en medio de Oceano, para evitar como sea que la caca que ellos mismos han coadyuvado a generar, les sepulte sólo a ellos. Barcenas, al verse descubierto, tiene a unos cuantos beneficiarios de su “buen hacer” cogidos de la corbata, los cuales no tienen otra alternativa que, o lo salvan, o se hunden con él. Por otro lado Diego Torres, que probablemente es corresponsable de todos y cada uno de delitos de que son acusados las cúpula de la “ONG suigeneris” que es Noos, teniendo en cuenta lo “ilustre” que es su socio, intenta no comerse el marrón él sólo. Realmente Barcenas y Torres son dos sujetos que pugnan desesperadamente por no hundirse en el fango de su corrupción sin que los otros responsables se salgan de rositas. Por otro lado, tanto la corona como el gobierno presidido por Rajoy, tratan desesperadamente de echarle tierra a los enfangados para que se callen y no sigan gritando acusaciones a diestro y siniestro. La contabilidad de Barcenas y algún otro As que se guarda en la manga y a la que los que gobiernan le tienen más miedo que al fuego, les impide hasta ahora hacer otra cosa que negar los hechos con mayor o menos contundencia, pero no se interponen las acciones legales propias para estos casos, lo cual produce unas sospechas que son como gritos en la noche (que se oyen más que por el día). Torres se guarda sus correos acusatorios sobre los cuales sólo el juez tiene la última palabra. Todas estas maniobras son contempladas por ciudadanos con lágrimas en los ojos desde la cola del paro, desde debajo de un puente, los deshauciados y desde la “morgue” los familiares de los suicidados, ¿en que va a terminar estos ecándalos?, sólo Dios lo sabe.

     

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