El padre de la vacuna de la malaria, en LAS MAÑANAS DEL MENCEY PATARROYO: “YO PRACTICO EL EMPOBRECIMIENTO LÍCITO”

 

Manuel Elkin Patarroyo –en Tenerife desde el martes-afirma que necesita fondos económicos para ensayar con humanos su vacuna definitiva contra la malaria, que está convencido de que será altamente efectiva y podrá salvar de la muerte a un millón y medio de personas al año. Habló largo y tendido este miércoles en LAS MAÑANAS DEL MENCEY (‘Canarias en la Onda’, en Teide Radio Onda Cero).

 

Acaba de culminar la ‘vacuna de su vida’, tras más de 25 años de investigación al límite, entre su Instituto de Inmunología en Bogotá y su laboratorio en la selva amazónica, y una vez superado, con dotación de optimismo poco frecuente, el desaire de la Organización Mundial de la Salud, un embargo en el peor momento, la pérdida de financiación en su propio país y la pérdida de su propia salud.

 

Ahora le han vuelto a dejar maniatado por una denuncia peregrina sobre una especie protegida de monos con la que no trabaja. Pese a todo, confía en conseguir el dinero y el permiso para volver a regalar a la humanidad –por segunda vez- su vacuna, pero esta vez sin tocar a la puerta de la OMS.

 

Manuel Elkin Patarroyo, el padre de la vacuna de la malaria y Premio Príncipe de Asturias, que este jueves apadrina en el Cabildo de Tenerife el nacimiento de la fundación de enfermedades tropicales impulsada por el científico canario Basilio Valladares, es un asiduo visitante de Canarias. “Llevo nueve o diez viajes a las islas desde hace más de una década y me siento como en Colombia”, comenta el doctor honoris causa de la Universidad de La Laguna al comienzo de una larga entrevista, realizada este miércoles en directo desde del Hotel Mencey en el programa ‘Canarias en la Onda’ de Teide Radio Onda Cero, que conduce Marlene Meneses.

 

La revolución Patarroyo en la biblia

 

Patarroyo está a punto de probar su última y definitiva versión de vacuna sintética contra el paludismo, que mata al año a un millón y medio de seres humanos y afecta potencialmente a 2.500 millones de personas.

 

La entrevista, que contó también con la presencia de los periodistas habituales en el espacio ‘LAS MAÑANAS DEL MENCEY’, Leopoldo Fernández, José Antonio Pardellas y un servidor, giró al principio sobre la famosa donación a la humanidad de su primera vacuna por parte de Patarroyo, que se sintió traicionado en su buena fue por la Organización Mundial de la Salud –un nido, a la postre, de intereses de las multinacionales farmacéuticas-, que primero la aparcó y luego la experimentó en falso para invalidarla y dar tiempo –sin éxito hasta ahora- a que alguna compañía de la industria lograra apadrinar el descubrimiento contra esa enfermedad.

 

Patarroyo, un colombiano que eligió investigar en su país pese a ser cortejado por la ciencia norteamericana de élite, no ha cejado en más de treinta años en su búsqueda de la vacuna eficiente cien por cien. Lo que él ha creado es, además de un arma contra el anafeles de la malaria, un método sintético de hacer vacuna, toda una revolución dentro de la química, como reconoció recientemente la ‘biblia’ de la especialidad, la quinta revista más prestigiosa del mundo y de mayor factor de impacto, ‘Chemical news’, al dedicarle un número monográfico a las investigaciones de este ‘Pasteur’ del siglo XXI, inasequible al desaliento. El propio Patarroyo ha estado al borde de la muerte en este largo paréntesis, y confía en reaparecer pronto con su vacuna final, una vez sometida a ensayos clínicos con humanos.

 

La batalla campal por las patentes

 

Le ofrecieron mucho dinero –no quiso precisar cuánto-por su primera patente, la SPf66, hace veinticinco años, “pero yo –sentenció-, frente a eso tan de moda ahora del enriquecimiento ilícito, practico el empobrecimiento lícito.” Relató, después, con detalle la ‘batalla campal’ a la que se ha enfrentado en su lucha contra la malaria. “Nuestra osadía al crear la primera vacuna químicamente hecha y cambiar toda la metodología hasta entonces, supuso alterar los esquemas mentales y económicos vigentes.” Millones de personas, “que se podrían salvar”, son las víctimas de ese asedio a su trabajo, según dijo. No consigue explicarse aún hoy por qué la OMS archivó su primera vacuna y luego la puso en manos de un exgeneral norteamericano con intereses en la industria farmacéutica, que pretendía sacar su propia vacuna.

 

El científico colombiano, nacionalizado también español, está agradecido a España (a la reina, la Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo, el País Vasco y diversas fundaciones), que suplió el 75% del dinero que le negó el propio presupuesto colombiano en su día. La Universidad de Navarra lo acogió hasta que Colombia le puso pegas y le obligó a regresar a su país.

 

Sigue en el empeño de que Colombia produzca su vacuna y confía en el apoyo del actual gobierno de Santos para sacar adelante la nueva versión mejorada, la ‘Colfavac’ (Colombian Falciparum Vaccine). Pese a todo, nunca ha sido para él un camino de rosas y no lo iba a ser ahora que estaba a punto de culminar la versión  definitiva de esta vacuna tan acariciada en todo el mundo. Un colectivo minoritario que se autodenomina ecologista ha mantenido una campaña persistente en los tribunales contra la presunta utilización por parte de Patarroyo de una determinada especie protegida de monos de la orilla peruana del Amazonas, en calidad de cobayas. El científico colombiano aseguró siempre que los animales son cuidados y devueltos con vida a su ecosistema, pese a lo cual la justicia lo ha obligado a paralizar sus trabajos hasta que se pronuncie una instancia superior.

 

En un debate en noviembre en el Congreso colombiano, Patarroyo descubre que el especialista avalado por sus detractores en el incidente de los monos, un exmiembro del Parlamento británico, presidía una gran multinacional farmacéutica y estaba vinculada a algunas de las empresas del sector más virulentas con la investigación de nuestro huésped.

 

Nueve meses en stand by

 

Ahora lleva 9 meses en ‘stand by’, por lo cual, según dijo, mantiene una estación de monos ‘autus’ en su laboratorio de la selva amazónica, a los que alimenta y conserva hasta nueva orden judicial. Esa especie es clave en la investigación, porque guarda grandes similitudes con el sistema inmunitario humano. La vacuna alcanza con los autus una eficacia superior al 80%, que no debe ser menor en las personas

 

El premio Nobel de Medicina de 2008, su amigo el alemán  Harald zur Hausen, descubridor de los virus del papiloma humano, le dijo en un reciente viaje a Colombia que el 35% de los cánceres es de origen infeccioso (sólo hay una decena de vacunas para más de 500 enfermedades infecciosas) , lo que amplifica la utilidad de las investigaciones de este colombiano indesmayable, merecedor de una gran admiración por las condiciones en que avanza en su tarea, pero también ninguneado por un sector de la comunidad científica. “Mi padre decía que hasta Jesucristo tuvo detractores. ¿Qué podía pretender yo?”

 

Se atrevió a definirse religiosamente desde la posición de un científico bregado en la pelea contra la muerte en el Tercer Mundo. “Miras el espectáculo del espacio y compruebas que Dios es Todo, no existe un ordenador capaz de tal grado de perfección inimaginable.

 

Fundación de Enfermedades Tropicales

 

Sobre la iniciativa de la Fundación de Enfermedades Tropicales, auspiciada en parte por el Cabildo insular, que se presenta en sociedad este jueves con una conferencia del propio Patarroyo, “tiene una importancia estratégica indiscutible, porque se trata de enfermedades que pueden saltar de Africa a Canarias y de aquí a la Península y resto de Europa, gracias a Basilio Valladares, que es un individuo fantástico que ha logrado crear un núcleo de grandes científicos de distintas universidades.” Varios países de África, como Cabo Verde y Senegal (cuyo presidente es el presidente honorario de la fundación.

 

No ocultó que necesita financiación para proceder a los ensayos clínicos con humanos de su vacuna contra la malaria. “No hemos querido pedir en esta ocasión dinero a España, que bastante tiene con su crisis, sino que hemos vuelto a optar a ser financiado con el presupuesto estatal del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos, que es más sensible que el anterior Gobierno hacia nuestra labor.”

 

Si consigue el dinero pronto, en seis meses está en condiciones de practicar el experimento definitivo que demuestre el porcentaje de éxito de la vacuna.

 

Colombia: el despegue y la paz

 

Manuel Elkin Patarroyo, uno de los tres hombres más célebres de Colombia (junto a Gabriel García Márquez y Botero), añadió, sin perder su eterna sonrisa, que en esa lista deben figurar también el futbolista Falcao y la cantante Shakira.

 

En relación con el momento que vive su país, un período económico dulce y de incertidumbre sobre las negociaciones de paz, se mostró moderadamente esperanzado en que se selle un acuerdo entre el Gobierno y la FARC tras medio siglo de terrorismo y muertes. Puso en valor la figura del expresidente Belisario Betancurt, “que se quedó solo”, y depositó su mayor confianza en el talante del presidente Santos, al que elogió varias veces en el curso de la entrevista.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 3 comentarios

3 Respuestas a El padre de la vacuna de la malaria, en LAS MAÑANAS DEL MENCEY PATARROYO: “YO PRACTICO EL EMPOBRECIMIENTO LÍCITO”

  1. Manuel Dóniz García

    Manuel Elkin Patarroyo es un cientifico imbuido por las ideas de progreso de la humanidad, aquellas ideas que tambien tuvieron Wilhmem Rötgen (descubridor de los Rayos XC), Edward Jener (descubridor de la vacuna contra la viruela) y otros científicos de otras épocas que lo único que les interesaba era vencer las enfermedades por el bien de la humanidad. Ahora, lo que se lleva es la Farmaindutria y el negocio brutal de los medicamentos que impiden el avance de la lucha eficiente contra las enfermedades, lo cual no conviene al negocio de la venta de medicamentos. Se imaginan ustedes que otro Patarroyo o como se llame, descubriera de pronto una vacuna o tratamiento de cura radical del cáncer o de or enfermedad incurable. Esto sería un bien para la humanidad, pero una catástrofe inconmensurable para todos los que se lucran con tal terribel enfermedad. Por un lado la fabricación de fármacos contra esta dolencia cesaría de inmediato con empresas en la ruina y miles de trabajadores en la calle. Por otro lado las empresas fabricantes de aparataje, también se irían a la ruina, con el inevitable despido de cientos de miles de trabajadores. En los hospitales los médicos especialistas ya no tendrían razón de ser y tendrían que reciclarse o ir al paro, en fin, que este perro mundo esta configurado de manera que, es más rentable económicamente que cientos de miles de enfermos sufran y fallezcan, que se curen. ¿Se acuerda ustedes de los “polvos de Melendez” aquellos que curaban la hipertensión y a los que Farmaindistria les declaró la guerra en todos los frentes. Lamentablemente creo que esta humanidad camina lenta pero segura a su autodestrucción por el ejercicio continuado y masivo de los pecados capitales de egoísmo y ambición.

     
  2. Manuel Dóniz García

    Fe de erratas: Los Rayos de Röntgen solo son X y quise decir, terrible en lugar de terribel. Muchas gracias

     
  3. Miguel González Santos

    Patarroyo, además de ser un científico descomunal, es un ser humano ejemplar, ético donde los haya. Pero además es también un ser espiritual absolutamente necesario para esta estapa de materialismo suicida de la humanidad; de los pocos que dicen la verdad. Lo que él relata sobre el sistema que mantiene el “nuevo orden mundial” no es nada comparado con lo que él sabe. Hay que animarlo y protegerlo a que destape la olla de la corrupción en la ciencia y en las potencias económicas vinculadas a la industria farmaceútica que lo que realmente fabrican es enfermos crónicos dependientes de por vida de sus tratamientos médicos interesados. Este gran negocio ilícito y vergonzante para la humanidad hay que pararlo cuanto antes, apoyando a auténticos faros de luz para esta época de obscurantismo como es el caso de Manuel Elkin Patarroyo o el Premio Nobel de Medicina Richard J. Robert que, entre otros genuinos científicos, también ha denunciado los mismos hechos.

     

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