LA MUERTE DE CHÁVEZ, O LA TRANSICIÓN DE VENEZUELA Y CUBA

Con la desaparición de Chávez esta noche (a las 16;25 hora local, según el vicepresidente Maduro, cuyo anuncio se presta ya a toda suerte de conjeturas), Venezuela abre las puertas a un futuro incierto. Acostumbrada a reinventarse, desde la dictadura a la democracia (de alternancia adecos-copeianos) y desde ésta al chavismo constituido en sí mismo en ideología, partido y hasta sistema político, la república petrolera se abisma hacia una prueba de vértigo que concita toda la expectación posible. Ésta era, sin duda, la crónica de una muerte anunciada, una muerte que polarizaba tanto a la opinión pública venezolana, como lo había hecho la propia vida del dirigente, cuyos detractores y seguidores se habían movilizado más de una vez en proporciones desmesuradas, bajo un clima de amor-odio colindante con brotes de violencia.

 

Dentro de un mes, las nuevas elecciones sin Chávez enfrentan a sus herederos a un Capriles decidido a no dejar pasar la oportunidad. Pero, como en el Cid, las huestes bolivarianas del ‘caudillo’ de Sabaneta confían en volver a ganar sin la ayuda física del líder, pero sí con la de su mítica. Y es innegable la fuerza carismática del espíritu de Chávez, sobre el que ha gobernado el sucesor Nicolás Maduro desde la cuarta operación del ya expresidente en Cuba tras su reelección el 7 de octubre.

 

Ese es el escenario abierto de la nueva Venezuela que inicia hoy su andadura necesitada de un gobierno estable. El recalentamiento a última hora de las relaciones del ‘régimen’ con los EE.UU. revela los temores del chavismo respecto al grado de influencia del imperio del norte sobre el devenir de los próximos acontecimientos, con la sombra del recuerdo de la injerencia norteamericana en Nicaragua tras el sandinismo. Chávez visitaba a Fidel en el hospital cuando hace seis años el comandante se debatía entre la vida y la muerte, intervenido quirúrgicamente de una grave enfermedad. Paradojas de la vida, fue el propio Castro el que años después le informó al entonces incombustible mandatario venezolano que debía enfrentarse al cáncer con todas las consecuencias.

 

Ha sido una batalla breve, menos de dos años de quirófano en quirófano en la Habana, en la que le quedaron fuerzas para salvar, in extremis, el último desafío electoral en vida (el inminente lo será el primero de carácter póstumo, si, como se espera, sus acólitos harán campaña en su memoria), sin aopenas poder saborear el éxito (ganó con el 55% de los votos frente al 44% de la oposición), en el tiempo de descuento, antes de intentar una última y desesperada prórroga, en la que sería la operación definitiva de la que nunca se iba a recuperar.

 

En la geoestrategia política de América Latina, quedan huérfanos aquellos gobiernos (llamados ‘satélites’) que emergieron al cobijo de Chávez, como Bolivia, Ecuador y Nicaragua, y queda en suspenso el porvenir de las relaciones La Habana-Caracas. Un puzle al que no es ajeno EE.UU., pues determinado modelo de transición de Venezuela hoy puede ser, a ojos de la Casa Blanca, el laboratorio de la de Cuba mañana.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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