EL ‘NO’ A LAS TASAS DESDE BERLÍN

La negativa por enésima vez del ministro Soria a la bajada de tasas aeroportuarias que reclama la comunidad autónoma como incentivo turístico, es un ‘no’ de manual, que chirría con la predisposición del Gobierno central a limar asperezas en un nuevo marco de relaciones que devuelva crédito y confianza a la política. No por reiterada, esa objeción merece mejor cartel ahora que al inicio de la legislatura de Rajoy. Entonces, las islas pedían continuidad a un estatus que le conferían opciones frente a sus competidores. Veníamos de la ‘primavera árabe’ –que desvió sustancialmente los flujos turísticos a destinos como el nuestro- y de una política de tasas aéreas que hacían atractivo el archipiélago respecto a Túnez o Egipto, por citar dos ejemplos de aquella convulsión regional. Sin embargo, la postura del nuevo Gobierno, con la llegada del PP, era que Canarias debería apañárselas con sus propias armas –el paisaje, el clima, el nivel de vida, su pauta europea- y no fiar las cifras de visitantes a tasas inferiores que el resto del país. La propia ministra de Fomento –competente en la materia-, Ana Pastor, repetía en las reuniones con el sector que la estrategia era común para toda España y no cabía hacer excepciones con esta autonomía –olvidando todo su carácter excepcional per se de cajón-. Hasta el otro día. Pastor asumía por primera vez en año y medio la posibilidad  de reconsiderar su rechazo a la medida y prometió estudiarla, junto a la inminente automatización de los certificados para residentes –siguiendo acaso el modelo de Bínter, ya en vigor- y fondos adicionales para acometer los compromisos en carreteras. Sin embargo, en la ITB –la prestigiosa feria turística berlinesa, de la que dependen no menos de tres millones de visitantes alemanes al año-, el ministro de Turismo, José Manuel Soria, que intercambió frías discrepancias con el presidente Paulino Rivero a la vista de todos-, se mantuvo previsible en su estático ‘no’ connatural, ‘no’ a la bajada de tasas, ‘no’ a la demanda de las compañías aéreas y del propio ejecutivo local, ‘no’ a las estadísticas que delatan el porqué de la merma de viajeros tras el récord anterior, y en fin, ‘no’ a moverse un ápice del ‘no’ por toda dialéctica. El único ‘sí’ del ministro resulta de Perogrullo: “cambien primero la planta obsoleta”. No es la mejor propuesta a corto plazo bajo la brutal recesión que socava a las islas desearles por toda receta que se borren del mapa y luego, si quieren, se vuelvan a pintar “sobre el mismo mar”, como dice la canción…

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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