EL DÍA DE CADA DÍA

 

Los ‘días internacionales de’ sirven al propósito de recordarnos alguna cuestión fundamental, de concienciarnos, solemos decir, con la misma facilidad con que esos días nos suelen pasar completamente desapercibidos. Venimos de celebrar –es una suposición- el Día Internacional de la Felicidad, ayer miércoles, día 20, con la llegada de la primavera, en una de esas efemérides inesperadas a las que nadie presta atención por ignorancia o mala información. Es una iniciativa reciente de apenas un año de tradición a instancias de un pequeño reinó asiático, Bután, que lleva cuarenta años, por empeño de su dinastía de monarcas, calculando la Felicidad Bruta Nacional en contraposición al Producto Interior Bruto del resto de los países. Ese estado independizado de India sostiene que más importante que el PIB es el desarrollo material y espiritual conjunto y opone a quienes tildan su sociedad de esencialmente pobre la certeza de que más del 90% de la población vive gracias a la producción agrícola y ganadera local. Pues bien, nosotros, inmersos en  la crisis de nuestras vidas –como diría el economista José Carlos Francisco- ignoramos el concepto por sistema; o se oyeron burlas cuando en un discurso el expresidente Adán Martín parangonó la felicidad con nuestra voluble condición insular, o se desatan euforias de autoayuda fiando toda nuestra lucha por la supervivencia al maná de una vida hedonista y contemplativa. Hoy, jueves, 21, nos corresponde conmemorar el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial, el Día del Síndrome de Down y el Día Mundial de la Poesía. Y mañana, 22, es el Día Mundial del Agua. Ninguno de los cuatro motivos nos dejan indiferentes. Diré más, nos convocan a difundir sus distintas circunstancias y nos invocan para comprometernos en las distintas causas. La crisis trae, entre otras, una evidente lección positiva de vida, la misma que aprendí en las calles de Perú el día después del terremoto de 2007: la gente regresa a su primera verdad, que es la solidaridad y la convivencia. Nuestro margen poético.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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