EL PREMIO CANARIAS QUE LEOPOLDO NO ESPERABA

 

La misma mañana que el presidente iba a llamar a Leopoldo Fernández para anunciarle la concesión del Premio Canarias de Comunicación, habíamos estado confabulados Juan Manuel Bethencourt, José Antonio Pardellas, Marlene Meneses y quien suscribe hablando de Leopoldo en su presencia. Era una casualidad que comulga con mi teoría del azar bien informado. Decíamos Juan Manuel y yo que Leopoldo había sido un maestro para ambos, palabra de acepción caprichosa según la intencionalidad de quien la emplee. A Gilberto Alemán, por ejemplo le mordía las orejas que se lo dijeran y soltaba una patujada. Pero en la mañana de este viernes, en ‘Canarias en  la Onda’, de Teide Radio Onda Cero, el tema Leopoldo surgió de improviso cuando nos disponíamos a entrevistar a Bethencourt en su calidad de político lagunero y no de periodista exdirector de DIARIO DE AVISOS. Como digo, era, sin embargo, el día. El día de Leopoldo. El diario de avisos de Leopoldo. Y el aviso se lo iba a dar en cualquier momento el presidente, sin que ninguno de nosotros pudiera imaginarlo. La noticia a veces ronda a la gente y se deja querer como un pájaro que tienta a la mano. A la vuelta de unas horas le esperaba la noticia de su vida: el Premio Canarias. Casi todos los premiables esperan que ese día les toque. Leopoldo, alérgico a los premios, no lo esperaba. Tinerfe Fumero me llamaría, por la tarde, para pedirme una frase que definieraa a Leopoldo, y le dije que siempre me ha parecido un forense concienzudo que busca descubrir la cara de la verdad. Mi mujer dice cuando lo oye en Teide Radio o lo ve en ‘El Envite’ de la TVC, que es el alumno aventajado que nunca decepciona. En su segunda vida periodística, la que lleva a cabo desde que culminó más de treinta años de director de DIARIO DE AVISOS, como columnista y contertulio de radio y televisión, el hoy Premio Canarias imparte continuamente lecciones de periodismo de gran calado, al estilo de Conkrite o Talese. Leopoldo es una voz con peso en este oficio de pocos pesos pesados y muchos pesos ligeros. Una voz autorizada e inconfundible, y un empollón irredento, que teme con pánico no ser imparcial. Si tienes la razón, te la da, y con ello te da una lección. A Miguel Ángel Daswani (que lo conoce bien) le admira lo mismo que a mí el caudal de conocimiento que acumula Leopoldo antes de comparecer en el programa de El Envite a dejar su huella en el turno de preguntas. Su intervención fue decisiva en aquel especial con Antonio Cubillo (cada uno en las antípodas del otro), días antes de la muerte del abogado independentista. Fue una exhibición de periodismo y política, que yo guardo como un testimonio histórico. En adelante somos tres premios Canarias tomando un café por las mañanas en el Mencey. Marlene Meneses está encantada de que Leopoldo haya recibido este premio que lo corona, y que se dignifica tanto contando con él. Para mí es un honor compartir con ella, con Leopoldo y con Pardellas LAS MAÑANAS DEL MENCEY, porque me siento como en casa y entre amigos. Este lunes contaremos seguramente algunos entresijos y peripecias del abundante periodista de actualidad, al que un día, por sugerencia de Fernando Ónega, un grupo de empresarios ‘plataneros’ convocaron en el Palace de Madrid para traerlo a sacar adelante un periódico palmero recién mudado a Tenerife. Coetáneo de El País, el nuevo DIARIO DE AVISOS que ahora dirige uno de los discípulos de Leopoldo, José David Santos, iba a caer en las mejores manos, quizá las únicas –por generosidad y bonhomía- capaces de gobernar el timón de una nave humana tan rebelde como un periódico. Aquel joven periodista padre de tres hijos que no se arrugó ante la idea de saltar de Europa Press a la isla de los recién casados se topó con una huelga a bordo, y ese fue su bautismo de sangre. Después, la travesía ha tenido momentos, pero nunca más cismas. El momento amargo del accidente de Los Rodeos (Leopoldo en la pista oliendo a muertos) y el momento histórico de la integración en Europa, de la autonomía…, hasta este viacrucis de la crisis. Yo he visto en todos estos años a Leopoldo como un periodista definitivo. Y ahora que nos vemos a ‘diario’ delante de un micrófono, me siento otra vez como aquel imberbe principiante que aprendió de él algo básico: periodismo es periodismo. Y no lo dijo Boskov.


 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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