Por qué no me callo. Teoría del yogur

 

No es ninguna tontería que los yogures ya no tengan fecha de caducidad en nuestras vidas. Nos derriban los dogmas así por las buenas y luego pasa lo que pasa. La imputación de la hija del rey es otro episodio sin precedentes (la Corona tampoco caduca), ese nuevo teorema de la mistérica justicia española, que se ha enzarzado en una discusión ontológica sobre el ser o no ser de ella misma y los extremos de su alcance. O, puestos a mortificarnos, está ese apóstata de la entente nuclear, como ya consigné el día que Kim Jong-Un, todavía un yogurín –queriendo sus quince minutos de Warhol- canceló las treguas y posó su minimísimo dedo pequinés sobre el botón tabú, lagarto, lagarto. Ahora, en serio, el yogur es un fetiche que disemina su metáfora sobre otros acontecimientos. El hambre, hablemos por fin de él. Se tira demasiada comida como hacíamos con los yogures antes. Vi a Ban Ki-moon en Madrid pidiendo mil días de lucha contra el hambre para acatar el objetivo del milenio y me acordé de esa maldita estadística que cuantifica los niños muertos por esta causa, uno cada seis segundos, y la cólera que da pensarlo sin paliativo. El yogur perenne es el elixir de la eterna saciedad. Con el estómago lleno se consiente mejor la paz en el mundo. Si Corea del Norte no pasara hambre, otro misil les cantaría. Me temo que el hambre es erradicable (bajo la ley del yogur), pero lo dudo de la codicia y la corrupción. Si eres rey y a tu hija la imputan, y llamas a Miquel Roca para que la desimputen, la ‘putada’ es la mancha, pues mal de muchos, consuelo de tontos. La ética cívica– si el pillaje callejero no se mangara los cables de cobre- brilla por su ausencia: el vecino de Aranda de Moncayo saqueando con sus detectores de metales yacimientos celtíberos, y el electricista de la Catedral de Santiago que sisó el Códice Calixtino, no tan simples raterillos. De ahí que la mancha ya no sale, porque es el color predominante que tiene, por último, el ropaje de la sociedad.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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