Por qué no me callo. DA GIGI CERRÓ

 

En 25 años, la Avenida de Anaga conformó en la geografía urbana de Santa Cruz un paradero sentimental de restaurantes, bares y cafeterías que hizo de ella una rúe parisina sin Sena, pero con maresía del Atlántico, y un foco de atracción política a caballo entre la pizzería y el pub. Era una avenida muy politizada y locuaz antes de la crisis, que se llevó los clientes, el glamour y el eje político a ninguna parte. La jerarquía innegable de la influyente Da Gigi en ese cuarto de siglo agitado y manirroto la convertían en ‘mina’ y símbolo de una era pródiga en que la creme de la creme la eligió como cenáculo conspirativo de empresarios, políticos y periodistas, en un tráfico interclasista de comensales civiles y militares. A media tarde, los patriarcas de familias bien, dormitaban delante de un güisqui en la terraza, bajo la sombra de las palmeras, con las mujeres en tertulia aparte, tras el atracón de espaguetis a la carbonara y tagliatelles con nata y champiñones. Adriano Casarotto, que procede de Udine, cuyo retrato al pastel adornaba una de las paredes (si éstas hablaran…), fue el rey de la avenida cuando trasladó su negocio de la Rambla a un costado de Radio Club, a apechugar con incendios e inundaciones y cocinarnos los años felices. Un día entré en el Floridita de La Habana y vi a Hemingway acodado en la barra. Donde tomaba daiquiris el Nobel de la escultura sigue abierto 200 años después y puede contarlo. Pero los cintazos de la crisis deslomaron a Da Gigi axialmente, y este jueves no resistió más. Me llama Javier Cabrera, antiguo parroquiano como yo de la célebre pizzería, y me clava la noticia: “¡Da Gigi cerró!” Por moribunda que estuviera la generación de restaurantes más boyante, la ciudad queda viuda de un modo gastronómico y social. Los filipinos de Adriano reescribían ‘Los pájaros de Bangkok’, de V. Montalbán, y el secreto era la camaradería de los camareros, como vimos en Jack Nicholson en ‘Mejor… imposible’. No es final con buen sabor de boca, pero nunca se sabe.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario