LAS IDEAS LOCAS

 

Las bombas de Boston y la ‘bomba atómica’ del chavismo (así acuñada por el corresponsal en Caracas de El País),  si se materializa la orden de detención de Capriles tras los disturbios poselectorales, coinciden en el tiempo, un período de alto voltaje en la política internacional, como prueba la carta ‘envenenada’ a Obama de un desconocido que fue detectada antes de cruzar la puerta de la Casa Blanca.

 

A todas estas, dado que son momentos de máxima tensión y apremio en América, de norte a sur, nos olvidamos de que esta ola ‘explosiva’ la inició el regordete a dieta Kim Jong-Un, presidente de Corea del Norte, que el 11 de marzo suspendió la tregua con el Sur y EE.UU y amenazó con pulsar el botón nuclear y mandarlo todo al carajo. De aquellos polvos, estos lodos. Los norteamericanos disimulaban el –por lo visto- relevante más que relativo riesgo de que los coreanos monten ojivas nucleares en sus cohetes y ataquen salga el sol por donde salga.

 

Han vuelto las caceroladas y el guerracivilismo a una Caracas alzada, con muertos tras el escrutinio bajo sospecha. Diosdado Cabello –el número 2 del chavismo, que preside la Asamblea Nacional con mano de hierro y bozal para los opositores que no reconozcan la victoria de Maduro- tiene una teoría que empieza a inquietar. Según el exteniente, que disputa el liderazgo a Maduro de puertas adentro, Chávez era el blando, el dique que contenía a los exaltados, el jefe pacienzudo y aquiescente que frenaba las ‘ideas locas’ de sus más radicales edecanes.

 

Las ‘ideas locas’, de ser así, estarían cobrando cuerpo tras la renuencia de Capriles a felicitar a Maduro, al que no habría ganado por el canto de un duro, si sus denuncias de fraude fueran falsas. De ahí la orden de detención que planea sobre la cabeza del afable gobernador del estado Miranda. Y otras ideas que saldría de esa caja de Pandora si el `caprilismo’ se encoña en aguar la victoria póstuma de Chávez, que era el candidato tácito en el limbo de estas elecciones. El entierro de la Thatcher por las calles céntricas de Londres este mismo miércoles de resaca de bombas, cartas y votos detonados casi a la vez, no hacía sino añadir leña al fuego de los días funerarios que nos está tocando vivir.

 

Venezuela al rojo vivo y EE.UU. paralizado tras los atentados del maratón más antiguo del mundo, a base de mochilas con ollas exprés ‘Fagor’, de inequívoca fabricación española, a la espera de saber si el sospechoso sorprendido en la pléyade de vídeos de los almacenes del escenario es el autor de los hechos. Un país en vilo y un presidente en peligro. Las cartas de ricino a Obama recuerdan a aquellas otras de ántrax tras el 11-S. atribuidas con el tiempo a un biólogo pirado o (instrumentalizado) que se quitó de en medio con una sobredosis de analgésicos. Los yanquis tienen una cierta delectación mediática por esta calaña sórdida de científicos subversivos que se convierten en huraños terroristas apostados en una cabaña sin agua ni luz mientras envían misivas asesinas a tipos importantes como hizo en los 70 y 90 el filósofo y matemático Theodore Kaczynski, apodado para la posteridad como ‘Unabomber’. El mundo –ya lo dijo Eduardo Galeano- está patas arriba.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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