Por qué no me callo. GENTE EXTENSIVA

 

Graham Greene tenía la sensación de haber vivido más tiempo que su edad por cuánto había viajado. De un reciente estudio sobre twitter –el ‘hedonómetro’- de la Universidad de Vermont se desprende, de la minería de datos, que se es más feliz a medida que se viaja más lejos. Nuestra sociedad contemporánea, como generaciones anteriores, se siente impelida a buscar nuevos horizontes, y emigra. No debería ser motivo de tribulación, pero lo es, antes de conseguir trabajo e instalarse felizmente. Este es un fenómeno que incumbe a las islas y al continente. A Europa. En las actuales circunstancias, a la causalidad económica que nos proyecta hacia fuera como un resorte, se suman otros factores que, a mi juicio, definen al nuevo ciudadano canario, español y europeo de principios de este siglo conminado por la crisis: la perentoriedad por vivir en ese mundo ancho que describen las nuevas tecnologías, el campo visual extenso de Internet, y un dominante multiculturalismo que nos convierte en exigentes demandantes de lenguas, gastronomías y literaturas. En fin, ¿qué clase de gente está irrumpiendo en este trance histórico? Acaso alguien que rompe moldes. No es gente optimista, ni pesimista forzosamente; ni finge un hedonismo de manual para huir de los problemas de un modo recalcitrante; es adaptativa, se amolda, cae y se levanta, pero cuando cae no lo disimula, el fracaso es el callo. Su conducta es más propia de Rilke, que no abortaba un lapso de tristeza al vuelo, consciente de que una vida alegre es algo muy ‘serio’ (oxímoron al margen). La gente está jodida y es emprendedora, no le queda otra. Gente que cree y crece en la experiencia, incluso bajo techo paterno, en continuo reciclaje y ya curada de los mitos doctrinales del pasado: un empleo para toda la vida, una casa en propiedad, los mismos amigos de la infancia y el nido vitalicio. Gente que viaja (o emigra) por convicción y necesidad. Gente extensiva. Así la llamo. Añada cada cual otros rasgos que vengan al caso.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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