LEOPOLDO FERNÁNDEZ, EN ‘LAS MAÑANAS DEL MENCEY’: “YO SÓLO QUIERO SEGUIR SIENDO FELIZ COMO PERIODISTA” El jueves, 30 de Mayo, recibe el Premio Canarias

 

 

“Yo sólo quiero seguir siendo feliz siendo periodista”. Leopoldo Fernández se vio sorprendido este lunes al llegar al hotel Mencey y descubrir que el entrevistado era él. Miró para la presentadora, Marlene Meneses, y le dijo: “Esto es una encerrona épica”.

 

El veterano periodista que dirigió durante 31 años DIARIO DE AVISOS fue el invitado este lunes de LAS MAÑANAS DEL MENCEY, en vísperas de recibir el Premio Canarias de Comunicación. El jueves se entregarán los máximos galardones de la comunidad autónoma, durante el acto institucional del Día de Canarias, en el Auditorio de Tenerife ‘Adán Martín’. El periodista desgranó en este espacio de ‘Canarias en la Onda’ (Teide Radio Onda Cero) los secretos de longevidad y el anecdotario de uno de los directores decanos del periodismo español.

 

En la enumeración de virtudes que han de adornar la profesión no se olvidó de la más importante: saber ser independiente al servicio de la verdad. “El aguante que demostró conmigo la empresa también tiene su mérito”, citó enseguida al querer buscar una explicación a su caso excepcional dentro de la prensa española.

 

En la entrevista participaron también, además de los habituales contertulios José Antonio Pardellas y el que suscribe, dos buenos amigos y compañeros del galardonado, Jorge Bethencourt, que trabajó mucho años con él en el periódico, y Paco Pomares, que llegó a considerarlo “como un hermano”. Los dos últimos desempeñan actualmente su labor en la Cadena SER y, por tanto, la emisión del programa tuvo un cierto cariz de comunidad de periodistas, recuperando lo que Leopoldo Fernández mencionó como el signo que añora de tiempos mejores: “Los periodistas nos veíamos más, quedábamos en cafeterías y hablábamos mucho; ahora, en cambio, cada uno va por su lado”, lamentó, preguntándose si no habremos sucumbido a una especie de segmentación ideológica o de líneas editoriales.

 

Alguien lanzó una barra de hierro

Margarita Darias, su secretaria durante la larga travesía al frente de DIARIO DE AVISOS, trazó en antena la semblanza de un navegante prudente, que tenía cintura para sortear los bandazos. Fue una descripción que compartieron todos los invitados que desfilaron por los micrófonos del programa venciendo las resistencias del homenajeado a ser centro de atención. En una pausa de la entrevista, nos explicó que el origen de su alergia al protagonismo reside en la escuela de la que proviene, la Agencia Europa Press, de la que fue redactor jefe, “y en una agencia no se firma, por regla general, porque lo importante es la noticia, no el periodista”.

 

En la profesión ya son célebres algunas marcas de la casa cuando se piensa en el DIARIO DE AVISOS. De tal modo que todos saben que Leopoldo estila de siempre una honradez informativa y afana la  objetividad como un grial que no está de moda. Pomares añadió un tercer rasgo, “su cariño por lo pequeño”, que es privativo del buen periodista. Bethencourt habló de los años finales de plomo, cuando este país ya se reacomodaba para ser más justo y libre. Fueron años de periodismo al borde de un ataque de nervios en la calle Santa Rosalía. “Un día estábamos en el despacho de Leopoldo, que daba a la calle, y entró por la ventana una barra de hierro, que lanzó alguien de un piquete durante una huelga”, recordó Bethencourt. Al director del medio no se le olvida el incidente. “Si me alcanza, me mata.”

 

Cuando Tabacalera desembarcó en las islas, añadió Bethencourt, el director del DIARIO DE AVISOS se enfrentó a un amigo personal en el poderoso monopolio, que ejerció sin éxito todas las presiones que pudo para intentar hacerle desistir de su defensa de los industriales canarios. Leopoldo le reconoció a Bethencourt su papel de pionero del periodismo sindical y aquél le agradeció que le diera la alternativa como columnista de opinión en ‘la cesta de los papeles’.

 

Los periodistas que trabajaron con Fernández Cabeza de Vaca –sólo una muestra de la legión de cuantos fue director durante más de tres décadas- coincidieron en reconocerle que “siempre permitió el máximo grado de libertad a la Redacción”.

 

Pomares creyó conveniente limitar los lazos que se establecen entre periodistas y políticos, y dijo que Leopoldo inspira una conducta que solventa ese problema. “Tú puedes ser amigo de Alfonso Soriano y haberle cuestionado lo que fuera durante su etapa de presidente de la primera Junta de Canarias”, le dijo. “Una vez otro político me recordó que yo era su amigo, y le dije, que sí, pero que también era periodista, y eso estaba primero”, recordó entonces Fernández. Pese a todo, a su juicio, “puede haber amistad entre periodistas y políticos, pero tiene que basarse en el respeto mutuo.”

 

“Aquel terrible abatimiento”

 

¿Cuál fue su momento más dulce y el más amargo de esos 31 años pilotando una casa de evidente peso en la sociedad? Ignoró los acontecimientos personales y eligió, entre los primeros, la entrada de Canarias en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE, hoy UE). Y entre los segundos, “el accidente de Los Rodeos. Nunca podré olvidarme del olor a cadaverina en la pista, aquel terrible abatimiento.” Y dio un salto 32 años atrás para celebrar la alegría del fracaso del golpe de Estado de Tejero. “Me encontraba en Madrid convocado junto con otros periodistas a una cena con Fraga, y Andrés Chaves era el director en funciones. DIARIO DE AVISOS dio la talla, fue uno de los cuatro periódicos (con Diario 16, El País y El Periódico de Cataluña) que se posicionaron contra el golpe y al servicio de la democracia, con la complicidad de nuestra empresa, todo sea dicho.”

 

Para José Antonio Pardellas, coetáneo de Leopoldo Fernández en tareas directivas (desde RNE) en la ‘transición’ del oficio y del país, aquel fue un momento hímnico en la historia de periodismo canario y español. Pomares aprovechó la evidente nostalgia de la memoria con que esta mirada desempolvaba una manera de ejercer el periodismo que ya no volverá, para preguntar a Lepoldo Fernández si ahora vivimos “años de derribo” en la profesión. “Es innegable la fatal confluencia de la crisis económica con la transformación tecnológica. Ninguno de mis hijos compra ya un periódico”, señaló por toda respuesta quien el mismo lunes, en la edición de DIARIO DE AVISOS, había declarado a Domingo Negrín Moreno  que vamos hacia un periodismo digital y al papel no le queda otra que “especializarse, explicar por qué, cómo y para qué.” Bethencourt no faltó a esa cita con cierta nostalgia reivindicativa. “Hoy hay más información que nunca, pero también menos rigurosa que nunca, y por eso cada vez admiro más a los antiguos periodistas.”

 

El gol le delató

 

El Premio Canarias de Comunicación 2013 compartirá escenario este jueves, 30 de Mayo, en el Auditorio ‘Adán Martín’ de Santa Cruz de Tenerife, con el de Acciones Altruistas (Asociación Protectora de Personas con Discapacidad Intelectual de Las Palmas, Aprosu) y el de Internacional (David Bramwell, director del Jardín Botánico Viera y Clavijo de Las Palmas de Gran Canaria). “Un periodista siempre tiene menos méritos que una asociación de personas discapacitadas”, señaló el primero de los galardonados, y María Luisa Arozarena, al escucharlo, le dijo que ese comentario le honraba, pero no escatimó elogios a las virtudes de su antiguo jefe; recordó su procedencia dentro del periodismo español y algunos hitos como “tener en su haber la noticia de la muerte de Franco en Europa Press”. Nombró a Ernesto Salcedo, con quien debutó en El Día y aprendió las primeras herramientas, para agradecer las enseñanzas a Leopoldo Fernández sobre el modo de transitar por esta profesión.

 

Una tarde, Josefa, telefonista del diario, trataba de salvar al director de una visita incómoda, con su conformidad, pero en ese momento, en la radio, el locutor canta un gol del Tenerife, y Leopoldo lo corea sin poder reprimirse. El visitante tuerce el gesto y pregunta a la telefonista si ese que se oye no es el director. Entonces, Leopoldo acaba saliendo a escena para consolar a Josefa, que llora desconsolada, “voy a acabar en el infierno con tanta mentira”, y el que quería ver al director da media vuelta y se marcha ofendido. A todos los directores les pasan esas cosas. La anécdota la contó Carmen Ruano. “Me enseñó a hacer buen periodismo, a contrastar las noticias, incluso a riesgo de perder una exclusiva, y a diferenciar entre un periodista honrado y un periodista honesto.”

 

“Yo tuve maestros como Antonio Herrero padre, en Europa Press, que me corregían y fijaban las bases del buen oficio. Y es lo que he pretendido transmitir a los demás.” Lo que no excluye hacer concesiones de camaradería. Ruano le recordó que lo apodaban ‘Leopoldiós’, “porque querías estar en todas partes”. Y cuando saltó el primer mote salieron a relucir otros de la cosecha del propio director: María Luisa Arozarena era ‘Arroz y Arena’; Carmen Ruano, ‘Carmen Ruina’, o Jorge Bethencourt, ‘el hijo de Trino’.

 

José Antonio ‘Pardelas’ (así lo llama Leopoldo) considera el periodismo como un “sacerdocio” y una “vocación”, y Leopoldo Fernández asintió agregando, como quien ha hecho ‘votos’ de periodista para toda la vida: “Yo avisé a mi mujer que estaba casado con mi profesión, y hay mujeres que lo entienden y otras que no. La mía, tengo que decirlo, ha sido una santa, porque este trabajo no tiene horarios, no somos funcionarios.”

 

Cuando la entrevista llegó a su fin, Marlene Meneses, preguntó al entrevistado lo mismo que al resto de los participantes respecto a él: “¿Qué opinión tienes de Leopoldo Fernández?” Y esta fue la ‘autorrespuesta’, con la que en parte comenzamos la reseña: “Soy un periodista de a pie que quiere seguir siendo feliz haciendo lo que mejor sabe hacer.” El 30 recoge el Premio Canarias y hablará en nombre de los galardonados.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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