La crisis y la esperanza de una autonomía treintañera. LA NOCHE Y EL DÍA DE CANARIAS .Paulino Rivero y Leopoldo Fernández hablaron de unidad

 

Un Día de Canarias como éste no sólo tiene de particular que se cumplen 30 años redondos de vida autonómica y parlamentaria, el período que mayor apogeo ha deparado a las islas y el que experimenta por último la mayor crisis de nuestra historia, sino que se trata de la edición más afín al ideal de unidad de esta conmemoración desde que se celebra. Los dos discursos de la velada del Auditorio, esta noche, el del periodista premio Canarias Leopoldo Fernández y el del presidente, Paulino Rivero, conjugaron ese mantra en tiempos de borrasca política y económica. Y sus palabras, tras la apoteosis de la música de Sabandeños y Gofiones (‘Manta y Estameña’) que fusionaron a las islas en un mismo canto, dieron sentido al aniversario de algo sustancial si se le toma en serio o baladí si, como coreaban a la puerta algunos manifestantes, convenimos que no hay nada que celebrar con la que está cayendo.

 

Tengo que decir que me interesaron las intervenciones, me emocionó como a Leopoldo Fernández recordar las ausencias, porque todos las tenemos presentes, y me pareció que sí había y hay motivos cada año, máxime en años malos como éste, para celebrar el día en que constituimos –por primera vez en nuestra historia- un Parlamento para legislar el rumbo de esta flota de islas que siempre tendió a la deriva. Es cierto que vivimos demasiado tiempo bajo un turbión que no nos merecemos, que echamos en falta líderes que cambien la historia a zancadas y arreglen los problemas más temprano que tarde, y que “la crisis que vino de fuera”, como dijera el presidente, vino “para quedarse”, por desgracia. Y en un día como éste deberíamos conjurarnos todos para echarla a patadas. Este era el sentido de la celebración, su razón de fondo.

 

“Poseído por las islas”

 

Dijo el periodista que recibía el Premio Canarias de Comunicación después de 37 años de canario de elección “poseído” por las islas, como diría el lingüista Marcial Morera, que debemos ejercer la “autocrítica”. Él lo hizo con respecto a su oficio (“A veces no hacemos bien nuestro trabajo”), incluso para huir del mismo “como de la peste” cuando se torna sensacionalista. Y si por autocrítica entendemos abogar por el acuerdo en horas bajas del consenso, hasta podríamos concederla en una exhortación puntual del presidente a “reformar la Carta Magna para hallar un nuevo encaje constitucional a Canarias desde el diálogo”.

 

En la conciencia del orador se cruzaban, como en Galdós, “lo hermoso y lo feo”; de ahí que Cabeza de Vaca glosara junto a la belleza y la calidad humana, “la crisis, la pobreza y el paro”, para pedir que no permanezcamos “cruzados de brazos ante el desgarro social”. Rivero afirmó: “No vamos a bajar los brazos” y aseguro que iba a “seguir peleando” por los intereses de las islas. Fernández también resaltó la ‘europeidad’ local desde tiempos de Viera y Clavijo y, al lado, los tribalismos y cizañas: “el perverso fratricidio insular” y se reivindicó como un “canario y español compatible”.

 

Periodista y político hablaban desde trincheras diferentes, o hacían alusiones indirectas de distinto signo a buen entendedor, pero bajo la carpa de la noche de un jueves isleño por los cuatro costados, el Auditorio era una sola isla con todas dentro. Y el Premio Canarias de Comunicación hablaba en nombre de todos cuando, aprovechaba el altavoz de una cita televisada, y reclamaba “olvidar las rencillas, buscar nuevas formas de hacer política para actuar en consenso”, o sea, “estar a la altura de las circunstancias”. Lo que también llamó, como en aquella Cantata de Quilapayún, “la fuerza de un pueblo unido”.

 

Las prioridades

 

En las prioridades del presidente, a juzgar por su discurso menos conflagrativo de los últimos meses, figuran un nuevo sistema de financiación autonómica, el escudo constitucional para “un buen REF”, la mejor conectividad aérea de las islas y la vuelta de la bonificación de las tasas. “Nuestra historia es la de la superación”, indicó antes de garantizar que de ésta saldremos, “porque el nuestro es un pueblo que siempre se creció ante la dificultad” y “estamos multiplicando esfuerzos para sobreponernos”. ¿Cómo? El presidente se respondió que de la mano del turismo y la innovación, de las energías renovables y el apoyo al desarrollo de África.  “Hay razones para la esperanza”, aseguró, sin ignorar que “hay decisiones relevantes que no dependen de nosotros”, en alusión a las políticas nacionales y europeas. De estas últimas se congratuló de que “los intereses canarios han quedado salvaguardados, pese a este momento difícil”.

 

Los premios Canarias (los otros dos, David Bramwell, de Internacional, y Aprosu, de Acciones Altruistas) y las medallas de oro (Quesería la Gambuesa, las escuelas de arte Pancho Lasso y Manolo Blahnik, el tenor Celso Albelo, Cemi Canarias, la Once y su fundación, el Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales que dirige mi buen amigo Basilio Valladares, la Transvulcania y, a título póstumo, el médico Carlos González Cuevas) desfilaron por el escenario y mostraron orgullosos sus distinciones. La actuación de Los Sabandeños y Los Gofiones, ‘Manta y Estameña’, aperitivo de los conciertos que ofrecerán estos días en el Auditorio, apeló, asimismo, al leitmotiv de la gala: “Desde la unidad se sueña/en la memoria del viento,/compartiendo el sentimiento/somos manta y estameña”.

 

Unidad y emoción

 

La noche del Día de Canarias llama a la unidad y a la emoción, como comprobó Leopoldo Fernández cuando se le hizo un nudo en la garganta al recordar a dos amigos “que se fueron”: Pedro Modesto y Manolo Iglesias. Habló en nombre de los Premios Canarias, de la gente de Canarias, del clima de Canarias, de los “graves” problemas de Canarias y del autogobierno de Canarias, “que no es una independencia en zapatillas”, dijo citando a Madariaga. Leopoldo es un testigo privilegiado de estos 30 años de autonomía, porque los vivió al timón de un periódico influyente (el DIARIO DE AVISOS) y ejerció de notario de la transformación con la mirada mesetaria de un insular voluntario que vino a quedarse junto al mar a trabajar y vivir. A eso lo llamó también, como Juan Manuel García Ramos, tener “la mirada atlántica”. Como si todos la tuviéramos a coro, a pocos metros de la orilla, nos pusimos en pie a escuchar el himno de Canarias en las voces del Conservatorio dirigidas por Carmen Cruz Simó.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario