En LAS MAÑANAS DEL MENCEY (TEIDE RADIO) JUAN CRUZ: “A LAS ISLAS HAY QUE VENIR, VENIR, VENIR Y, EN MEDIO, TE VAS”

 

Hacer un viaje a las islas Canarias, como el que ha escrito sobre el terreno Juan Cruz, no es ‘un déjà vu’ literario de alguien que se reconcilia con sus propias huellas para enterrar en ellas los pleitos vecinales. Es un viaje en toda regla lleno de sorpresas, una revisitación al ‘territorio de la memoria’, como ha dicho alguna vez el autor, no por trillada escasa en hallazgos. Y en este sentido, el periodista y narrador ha hecho un relato nómada por el que fluyen isleños hospitalarios, sabinas espectrales, climas con cada acento, sabores que llegan al alma, recuerdos y libros, leídos con otra luz, que resplandecen, o simplemente tierra sobre la que andar los dos caminantes, marido y mujer, como si un archipiélago se viera mejor en pareja.

 

No es, por tanto, este ‘Viaje a las Islas Canarias’, un paseo turístico por una de las geografías más emocionantes del planeta –lo dice con exageración un lugareño como yo que juega en casa-, aunque el autor no oculte el asombro que le producen los sitios y a veces las noticias que lee sobre ellos en libros antiguos.

 

En la conversación de este jueves en LAS MAÑANAS DEL MENCEY (Canarias en la Onda, Teide Radio Onda Cero), Juan Cruz le dijo a Marlene Meneses que a “las islas siempre hay que venir, venir, venir y, en medio, te vas”. Saramago decía –comentó el autor al oír mencionar el nombre del Nobel portugués a José Antonio Pardellas- que “uno va con el niño que fue”. Pardellas y Cruz Ruiz repitieron a coro aquella declaración del autor de ‘Cuadernos de Lanzarote’, que ahora figura al pie de la escultura con que Tías acaba de homenajearle en una rotonda cerca de la que fue su casa: “Lanzarote no es mi tierra, pero es tierra mía”.

 

Sin dejar de tener presente el libro que Juan Cruz presentó el mismo día en El Corte Inglés de Santa Cruz de Tenerife, salió el tema de la emigración (ya no de la inmigración, que era signo de los años recientes de ‘El Dorado’ insular), a propósito de este ‘día de los refugiados’. Juan Cruz trajo a colación un oficio de su adolescencia, de cuando las mujeres de los emigrados a Venezuela lo buscaban en el Puerto de la Cruz porque no sabían escribir, y él les redactaba las cartas a los maridos contándoles las penurias o las buenas nuevas.

 

Isla adentro

 

Se me ocurrió traer a colación a los emigrados de sí mismos, los que se encierran en su propio exilio interior –isla adentro- y no salen de casa, como el célebre artista Francisco Borges –autor de la ‘tetuda’ del Parque García Sanabria desde donde salíamos en antena esta mañana-, que cultivaba una estricta misantropía en la casa familiar de Ramón y Cajal, bien informado de lo que pasaba afuera por su hermano Miguel Borges Salas, “que la traía las noticias de la calle”, como señaló Juan Cruz, que los conoció a ambos.

 

Bajo la intermitente llovizna con que se despide la primavera, esta mañana junto al reloj de flores del parque era una mañana de radio, de libros y palabras, delante de niños que acudían a la citada para aprender cosas de la salud bucodental. Y por ahí hablamos de la boca, de lo que se come y se cría, de lo que se dice por ella y de los malos hábitos –y hálitos- que se contraen por esa vía decisiva. “A nuestra generación no se nos enseñó a conversar y discutir; los niños no podían hablar con los adultos y en la escuela no se nos dijo nada de cómo dialogar”, contó Juan Cruz, que lo consideró “una carencia, no una característica de nuestro pueblo”.

 

El catedrático de Arqueología Antonio Tejera y el escritor y editor Ulises Ramos (Artemisa Ediciones) presentan con el autor este libro de viaje que sigue los pasos del de Ignacio Aldecoa (‘Cuaderno de godo’), escrito también como éste, y el de Cela a la Alcarria, con los pies sobre la tierra, en los años 50. “Ha sido un viaje maravilloso”, confesó el autor. “He conocido a gente inolvidable, como Mauro Fernández que me enseñó con su mujer la isla de La Palma entera. Vi el desierto de Fuerteventura. Vi La Graciosa, que es una isla y no un islote. Redescubrí paisajes, hasta el de mi niñez en mi propio pueblo…” Y nos quedamos unos minutos hablando de periodismo, de aire papel, de molinos de viento, de Manolo Iglesias y la gastronomía, de bocadillos virtuales de jamón y queso, de los jóvenes con ganas de ser periodistas que Pardellas había conocido esta misma mañana durante una conferencia, y de nuevo del libro, de las inmisericordes erratas que llevan al autor a mover de sitio sin querer a Anaga y Teno.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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