LAS MAÑANAS DEL MENCEY. DOMINGO-LUIS HDEZ PASA ‘PÁGINA’ .Cien números y una canción desesperada

 

La revista ‘La Página’ nació a finales de los 80, fruto del activismo de un grupo de creadores  de La Laguna, para remedar la osadía literaria y filosófica de ‘Gaceta de Arte’, en los años 30, y superar los números que editó ésta hasta que la guerra la truncó.

 

Su fundador y director, Domingo-Luis Hernández, profesor de Literatura Española de la Universidad de La Laguna y especialista en Literatura Hispanoamericana, explicó este lunes, en ‘LAS MAÑANAS DEL MENCEY’, una vez consumada dicha meta con creces, cómo se consigue escribir y editar en Canarias contra la desidia del aislamiento y “la ignorancia de los políticos”.

 

En la entrevista con Marlene Meneses (conductora del espacio en el programa ‘Canarias en la Onda’, de Teide Radio Onda Cero), Leopoldo Fernández, José Antonio Pardellas y el que suscribe, el escritor (poeta y novelista que resultó finalista del Premio Planeta con ‘Erich el zurdo’) y editor despejó una duda: “¿Existe una literatura canaria?”, preguntó Pardellas. “Sin lugar a dudas”, dijo, después de haber autentificado la existencia de toda una generación de autores insulares dotada para géneros tan diversos como la novela negra o la autobiográfica, y citó a J.J.Armas Marcelo, Juan Cruz, Fernando Delgado, Juan Manuel García Ramos…, hasta hacer un alto en la nómina y pedir atención para un nombre: “¡Isaac de Vega!, ¡nuestro gran maestro!”  El crítico y narrador definió a Canarias como “un patrón de la cultura de fronteras” desde el primer ‘momento’ literario que debemos a las ‘endechas a la muerte de Guillén Peraza’, suceso que data de 1443:

“Llorad las damas, si Dios os vala,

Guillén Peraza quedó en La Palma.

La flor marchita de la su cara…”

 

Y al tirar de ese ovillo salieron Galdós, “nuestro Cervantes”, el fabulista Iriarte, Clavijo, Cairasco…, y los faros femeninos a instancias de Marlene Meneses. Sin necesidad de ser canaria, sino escritora, todos –por alguna extraña complicidad- coreamos el nombre de Rosalía de Castro, y resultó que Domingo-Luis había ido a visitarla a su tumba en Santiago de Compostela, y propuso en el canon de lecturas imprescindibles las cantigas galaico portuguesas. No distó, entonces, de ahí la muletilla de Saramago sobre un hipotético país llamado ‘Iberia’ que fuera la suma de España y Portugal. Todos parecimos de acuerdo con la idea ‘novelera’ del autor de ‘Ensayo sobre la ceguera’, recién homenajeado en Tías, a dos pasos de su casa, con un olivo de acero en la glorieta que llevará su nombre.

 

El número redondo

 

Domingo-Luis Hernández celebra los primeros cien números de su revista (este jueves, a las 19:30 horas se presenta en el TEA, Tenerife Espacio de las Artes, ese número simbólico, con la colaboración de DIARIO DE AVISOS), el triple de los que produjo la ‘biblia’ de Westerdahl y Pérez Minik. Y una vez consumada la marca personal, el director de ‘La Página’, revista que nació en 1989 y está a un paso, por tanto, de cumplir un cuarto de siglo, invocó al oyente y lector para recrearse en el elenco de firmas del número 101 ya cocinado, como un padre orgulloso de un hijo que exhibe sus notas.

 

Con la constancia o la contumacia de un corredor de fondo, Domingo Luis festejó los padrinazgos de su aventura, en especial el de su buen amigo Luis Mateo Díez, “ese enorme escritor europeo que escribe en español”. Mencionó de nuevo a Antonio Tabucchi, otra de sus deidades particulares, y discrepó de su creencia en la vida propia de los personajes y las novelas una vez comienza el autor a pretender contar una historia determinada. “Yo difiero de la improvisación, creo más en los previos, en las reglas que establece el autor”.

 

Pardellas recordó las improvisaciones “que memorizaba a la perfección” el insuperable maestro de la espontaneidad, Matías Prats. Y Domingo-Luis habló de los guiones radiofónicos del programa ‘Identidades’ que pilotó en Radio Club junto con el catedrático de Economía Aplicada José Luis Rivero. La entrevista incorporó un homenaje al escritor de radio. Leopoldo Fernández sacó a colación el nombre del palmero Sautier Casaseca, padre del serial, y Pardellas a Leocadio Machado. “Era una radio que hablaba y hablaba bien”, piropo que basó en los requisitos de la voz y la dicción que era preceptivos por entonces en el medio. Yo traje al momentáneo elogio de la radio el nombre de uno de sus patriarcas, nada menos que Ramón Gómez de la Serna, el escritor que desenfundó el micrófono y cruzó la calle para hablar con la gente.

 

Los hitos  

 

Eduardo García Rojas desmenuzó con Domingo-Luis, en ‘El perseguidor’ del domingo de DIARIO DE AVISOS, los hitos de ‘La Página’. Su director cita en la entrevista del periódico el monográfico que dedicó a Luis Mateo Díez, junto a autores que han merecido una especial mirada de la publicación: Chatwin, Antonio Tabucchi, Coetzee, Cormac McCarthy, Juan Gelman, Roberto Arlt, Borges, Piglia y las vanguardias de Canarias, España, Portugal e Hispanoamérica, el feminismo, la ética…

 

Manolo Villalba, Cándido, Domingo-Luis…, el grupo que intrigó contra aquella desidia isloteñista para que la revista rompiera aguas, buscaba “al padre ausente”. Domingo-Luis contradice al nacionalismo complaciente y reivindica la influencia de lo foráneo, y de ‘extracanarios’ como el citado Bartolomé Cairasco de Figueroa (poeta, dramaturgo y músico nacido en las Palmas de Gran Canaria, de origen italiano por parte de padre y aborigen por la de la madre), “que no es nuestro”, pero es nuestro instigador, “como Borges era un inglés que hablaba castellano y decidió ser argentino en contra muchas veces de la voluntad de los propios argentinos, que eran cosmopolitas cuando les interesaba”.

 

Según el director de ‘La Página’, “a diferencia de la generación de los 70, que abominaba de Canarias al principio, nuestra generación se metió en la biblioteca buscando nuestras señas, y descubrimos los números de Gaceta de Arte. Decidimos montar una revista con el arrojo de Gaceta.” Es ésta, ‘La Página’, que acaba de cruzar el Rubicón dejando atrás cien números de subsistencia casi traumática económicamente. “Recibíamos ayudas al principio. Juan Manuel García Ramos y Miguel Zerolo, uno en el Gobierno y el otro en el Cabildo, creyeron en la revista y le dieron el primer impulso decisivo. Luego ha venido el declive de la cultura y el nivel cultural cero de los políticos.”

 

Posada de la libertad

 

Leopoldo Fernández instó al entrevistado a ejercer en su publicación “más debate aún, hasta ser el auténtico sonajero de denuncia del poder, esa posada para los amantes de la libertad, parafraseando a Tomás Val el domingo en el periódico, o estamos condenados a una grave pobreza cultural”. Me sonó con dureza este último aldabonazo y propuse tomarlo en consideración como un concepto medible de toda sociedad desarrollada. El Índice de Pobreza Cultural no sería una tasa anecdótica, sino el tamaño verdadero del atraso o progreso de un país o una comunidad, y un valor a tener en cuenta para dimensionar el talento o la penuria intelectual.

 

En defensa del libro digital, dijo que resulta “inevitable”. “Lo digital ha hecho que el mundo sea distinto, incluso para los espías”, aludió a Edward Snowden, autor de la revelación del ciberespionaje de EE.UU., que a esas horas volaba de Rusia a su futura guarida en Ecuador.

 

Leopoldo Fernández preguntó al escritor: “¿Por qué tus personajes son atormentados?” “Sí, me salen amargados. Cuando empiezo a escribir quiero hacer algo con humor, pero enseguida se me tuerce. En realidad, busco obtener personajes plenos. Eso intento también en ‘Los días del trueno’, mi próxima novela.”

 

La entrevista giró en tono crítico en torno a Europa y Merkel en horario infantil. De ahí que el entrevistado, ante la pregunta obligada de Pardellas sobre la extracción del petróleo de estas aguas, con una mano dijera sí y con la otra reclamara medidas de seguridad “para no irnos a la porra”.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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