Un crimen ‘hediondo’

La corrupción pasa a ser calificada como un ‘crimen hediondo’ en un Brasil arrasado por manifestaciones de descontento contra la clase politica. Lo que aquí llamaríamos estallido social, en la patria del fútbol está siendo agriamente digerido por la presidenta Dilma Rousseff, que, ante el temor de una revuelta desproprcionada en un país superpoblado -la China de Sudamérica-, ha prometido a la calle un plebiscito para revisar el sistema político que, pese a la celeridad admirable de la sucesora de Lula, no aplaca la subversión. El término ‘hediondo’ (perfectamente ortodoxo en el léxico judicial brasileño) significa en la nación de Jorge Amado que los condenados (las penas se elevan hasta 12 años y de dos a cuatro como mínimo) por extorsión, peculado y otras prácticas torticeras, ven limitados sensiblemente los derechos de libertad condicional, fianzas, indultos y amnistías. En Canarias, el concepto de este insulto barrial goza de una acepción más escatológica que deontológica, pero valdría la pena copiar en España la idea de los brasileños y tildar a los corruptos nuestros como unos auténticos ‘hediondos’, con los mismos agravantes de esta drástica reforma del código penal de la potencia de América del Sur que permanecía bloqueada en el Senado desde 2011, hasta que el aluvión de protestas por la subida de los transportes públicos, en las cañerías de la calle, desatascó el problema en el fondo maloliente de las cloacas del poder, mientras Neymar paría goles y en los escaños semivacíos un puñado de legisladores marcaba éste contra los que juegan sucio. Eso. Bárcenas, un presunto ‘hediondo’, según el código ético de Brasil.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a Un crimen ‘hediondo’

  1. Manuel Dóniz

    El apelativo que se da a la corrupción en Brasil me parece tan acertado que deberíamos importarlo para aplicarlo a lo que está ocurriendo en nuestro propio país, porque es muy lamentable ver a personas comiendo en comedores sociales o, peor aún, revolviendo en la basura para mal comer, mientras que los políticos, ya bien pagados por sus cargos, presuntamente se reparten sobres con sobornos. Si creo que en España vendería bien ese vocablo pero sustituyendo la h por la j que en nuestra tierra Canaria tiene connotaciones aún peores que la simple maloliencia.

     

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