Por qué no me callo. PELÉ

Con Pelé (1981)

Cuando conocí a Pelé, en 1981, hacía poco más de tres años que se había retirado, con más de mil goles y más de mil partidos a cuestas, y la ONU lo había declarado ‘Ciudadano del Mundo’. Pasé un día entero de aquel mes de abril siguiéndole a todas partes, y en el curso de ese ‘marcaje’ al hombre me habló de la samba y las canciones que componía e incluso cantaba, de los libros infantiles que solía escribir, sin grandes aspiraciones literarias, por entonces. “Narro lo que pienso y veo mientras viajo”, me dijo, y viajaba tanto que, a sus cuarenta recién cumplidos, muchas veces no sabía dónde estaba. Hablábamos en las pausas de la promoción de un artículo electrónico; era un cotizado reclamo publicitario con tres mundiales. Lo recuerdo pequeño y sonriente. No fomentaría productos perjudiciales para la salud, me aseguró. Aún faltaba mucho para que Pfizer patentara el viagra y él fuera el icono de la pastilla azul romboidal (pronto genérica). Cuando le mencioné el sexo en las concentraciones, Pelé –que salía nada menos que con Xuxa, la reina de los ‘meninos’- se mostró partidario, “porque mejora el rendimiento”. Sin duda, era toda una celebridad. No dábamos un paso sin que lo abordaran con bolígrafo y papel. La fama se la había dado el fútbol, pero él supo perpetuarse como un rostro planetario para vender las bondades del sildenafilo o de un simple aparato de sonido, como era el caso. Andar por la vida sin borceguíes no se le daba mal como hombre anuncio o como actor, ese mismo año, en ‘Evasión o victoria’, donde marcaba un gol de chilena para regocijo de los reos de un campo nazi. “A mí no me interesó nunca la política”, me aclaró por si acaso. Y estos días en que en Brasil rodaba la pelota y España cedió ante el anfitrión en la final de la Copa Confederaciones (3-0), Romario enmendó la plana a Pelé por invocar el final de la revuelta (que hunde en las encuestas a Dilma Rousseff y hostiga a la corrupción como un ‘crimen hediondo’) al rescate del fútbol en la próxima sede del Mundial. “Callado es un poeta”, le espetó al dios de la calle que hace 32 años me contó su vida entre autógrafo y flash.


 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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