LAS SECUELAS DEL AVIÓN DE EVO .Una esperpéntica crisis diplomática desatada en el aire termina con la escala del avión de Evo en Gran Canaria

 

La esperpéntica crisis diplomática desatada este martes y miércoles entre España (junto con otros tres estados europeos) y Bolivia por la sospecha de que el avión de Evo Morales que regresaba de Moscú pudiera llevar a bordo al exanalista de la CIA Edward Snowden (autor de la mayor filtración interna de la historia de la agencia), sitúa al Gobierno de Mariano Rajoy a las puertas de cualquier eventualidad en el terreno de las relaciones, no sólo políticas, sino comerciales entre ambos países. El Falcon 900 del presidente boliviano hizo, finalmente, esta tarde una breve escala técnica en Gran Canaria y reanudó vuelo hacia La Paz, tras un rocambolesco incidente que duró 16 horas, en las que Francia, Portugal, Italia y España parecieron conjurarse, en auxilio de EE.UU., impidiendo que Evo Morales saliera de Europa, bajo la creencia de que se llevaba consigo a Snowden a un lugar seguro, lejos de la orden de arresto norteamericana. El suceso polarizó la atención internacional, hasta que esta tarde los militares dieron un golpe de Estado en Egipto, y el foco se desplazó a El Cairo, mientras el avión de Evo regresaba a América, donde, salvo en las calles de Brasil, las aguas corren más tranquilas.

 

Las siempre inescrutables y tornadizas reacciones del dirigente de origen indígena que gobierna el país andino desde hace siete años, hacen albergar la sospecha de que el incidente traerá consigo cualquier respuesta lesiva para los intereses españoles. En todo caso, la evidencia de que España es consciente de que el desencuentro con el mandatario boliviano –todo un gesto de amistad hacia Estados Unidos en medio de las críticas europeas al Gobierno de Obama por las acciones de ciberespionaje norteamericano hacia la UE- no es de los que salen gratis, tampoco es ajena a la política de ‘obediencia debida’ que suele atar los destinos de Madrid y Washington, en virtud o no de los tratados bilaterales, en materia de espionaje y seguridad.

 

Así sucedió en la crisis de los aviones de la CIA, que utilizaron aeropuertos de Canarias, Baleares y otras comunidades en los años negros de Bush contra Iraq y Afganistán. Pero esta vez, la gravedad de las filtraciones de Snowden, aislado en la zona internacional del aeropuerto de Moscú, bajo el paraguas de Wikileaks, y a la espera de refugio en alguno de los países (especialmente, de América Latina) a los que ha pedido asilo, ha elevado a la máxima expresión el interés de EE.UU. por capturarle. En esa psicosis por evitar que el ‘enemigo número 1’ de los EE.UU. logre evadirse de la capital rusa para sentirse a salvo en cualquier nido indispuesto con EE.UU., circuló este martes la consigna de registrar el avión del presidente boliviano a toda costa.

 

Evo, un hábil coleccionista de pretextos argumentales para expropiar por Navidad, había acudido esta vez a Moscú a una cumbre de países gasísticos y, teóricamente, figuraba como uno de los candidatos –junto con los gobiernos de Ecuador, Venezuela y Nicaragua, del llamado ‘bloque bolivariano’- a acoger a Snowden. De ahí, la grotesca escaramuza de Francia, que primero denegó (y luego, al parecer, se echó atrás) el permiso de sobrevolar su espacio aéreo, y la de Portugal, que en la misma línea chusca objetó una escala técnica para repostar.

 

El tripulante fantasma

 

Ambas decisiones abocaron al avión de Evo a desviarse y aterrizar de emergencia en Viena. El incidente, una vez aclarado, para escarnio general, que Snowden no viajaba con Evo, adquiere la dimensión de una ‘soberana’ (o no tan soberana) chapuza diplomática.

 

Como queda dicho, al desatino de Francia y Portugal, que pudieron poner en riesgo la seguridad del avión de un presidente con su juego de noes y síes cambiando de mano como bolas en el aire, se sumó sin mejor fortuna, Italia y España, que hicieron causa común con sus socios y, al menos Madrid, trataron después de lavarse las ‘manos’. Si de lo que se trataba era de inspeccionar el avión, lo más sencillo hubiera sido autorizarle la escala desde el primer momento y proceder a un acuerdo de caballeros sobre el terreno, antes de dar lugar a lo que en la otra orilla ya se interpreta como un “secuestro imperialista”, la “vulneración de las normas de derecho de tránsito aéreo”, “una agresión grosera y brutal” y “un acto que puso en peligro la vida del presidente de Bolivia”, que lleva al ‘correoso’ presidente de Ecuador, Rafael Correa, a convocar de urgencia a los ministros de Exteriores de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) para abordar “tamaña ofensa”.

 

El ministro español de Exteriores García-Margallo, un político que no carece de aptitudes y antecedentes (que el diferendo que mantuvo con Maduro tras el controvertido escrutinio venezolano durara apenas horas habla en su favor), ha de explicar ahora cuál fue el encargo que hizo al embajador español en Viena, Alberto Carnero, que simuló querer tomar café con Evo a bordo sin que a los bolivianos se les escondiera que deseaba hacer un visaje rápido del interior por si descubría las huellas de Snowden o un cigarrillo sospechoso en un cenicero. Deberá también aclarar si Morales tuvo siempre permiso para aterrizar en Gran Canaria y repostar, como sostiene el Ministerio y finalmente hizo, o si esa autorización estuvo tan suspendida en el aire como el propio avión del presidente de Bolivia, que salió de Gando echando pestes.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a LAS SECUELAS DEL AVIÓN DE EVO .Una esperpéntica crisis diplomática desatada en el aire termina con la escala del avión de Evo en Gran Canaria

  1. Manuel Dóniz

    Lo que ha ocurrido no se puede definir como una chapuza, más bien ha sido una flagrante violación del Derecho Internacional, ya que las aeronaves extranjeras (y más una que conduce a la máxima autoridad de un país), se consideran territorio extranjero y son inviolables, como los son el espacio donde se asientan las embajadas. Máxime cuando se buscaba una persona que no había cometido ningún delito en territorio español. Creo que España se debe preocupar por ejercer un papel protector y colaborador ante las naciones iberoamericanas con las que nos unen nexos culturales e idiomáticos antes que hacer de sayones de los yankis. Si el asunto ocurriera al revés, dudo mucho que los USA violaran el derecho internacional para favorecer intereses españoles. Ahora se deberían producir sanciones internacionales sobre el gobierno actual de España, por no saber respetar el ordenamiento internacional, lo que le acarrearía más descrédito del que ya llevan acumulado.

     

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