CANTOS DE MUJER CON TOUCHWOOD, MAKEBA Y MANDELA

 

El festival monográfico ‘Cantos de Mujer’ recibió este jueves a las voces de Ciudad del Cabo integradas en el grupo ‘Touchwood’. No fue un recital al uso, era una cita con tres damas y un caballero que le pisan los talones a los grupos consagrados en la Sudáfrica musical alternativa, al margen de los circuitos comerciales, pero rompiendo moldes para hacerse el suyo en un mercado que ya les espera con su primer disco bajo el brazo, ‘Land in the Sun’. Y, en efecto, el público mayoritariamente joven que se agolpó en la noche de este 11 de julio en el Espacio Mala Vida de Santa Cruz, se dejó llevar por Ruth de Freitas, las gemelas Tessa y Julia Johnson, y Mat Norris, un compañero de estudios que se sumó al equipo recién alumbrado en el 2012.

 

No son voces que suenan de cualquier modo, dulces o melódicas y nada más, sino un torrente sin pausa de tan vigoroso, arrolladoramente cálido, y todo se debate en el seno de un coro de balas que dispara a discreción envolviendo la sala bajo su artillería de musas. El resultado, sin embargo, es pacifista y, como enseguida diré, interracial. La banda amansa las fieras con su ímpetu meloso. Al ritmo instrumental de sus cuerdas y voces, contagia, posee y justifica por qué triunfaron en el reciente ‘Johannesburgo Vis a Vis’, de Casa África, y por qué tienen fama estas chicas de virtuosas, pasionales y simpáticas.

 

El ‘Cantos de Mujer’ –que es una muestra a la que me adherí hace años y en la que moderé un homenaje a Cesaria Évora en 2012, en una velada entrañable con Anna Rodríguez & Eliseo Lloreda, amén de Benito Cabrera y Yaiza Afonso, en el TEA- cumplía en esta ocasión su edición número siete (de la mano de Rider, Mala Vida, Culturas del Sur, Casa África y Gobierno canario), con un tributo a la cantante Miriam Makeba (Sudáfrica, 1932- Italia, 2008), icono de la lucha contra el apartheid. La ‘mamá de África’ regresó a su país en el 90 cuando Mandela –hoy, entre la vida y la muerte- recuperaba la libertad.

 

El festival tinerfeño ha recorrido antes una galería de mujeres que dieron la vida sobre el escenario por alguna causa social, política, incluso étnica y musical, como –además de la citada Évora, de Cabo Verde- las latinoamericanas Chavela Vargas y Mercedes Sosa, o nuestra Valentina la de Sabinosa (El Hierro). ‘Mujeres que rompen el silencio’, reza el lema de este encuentro anual con ‘la’ música.

 

En las paredes del pub se podían ver los carteles de diez años de historia del Mumes, el festival de las músicas mestizas que celebra su décimo cumpleaños este sábado en el Guimerá. Y por si fuera poco, el local no paraba de brindar por toda suerte de cantos, tras escuchar minutos antes nada menos que al poeta y cantautor Pablo Guerrero, uno de los faros de la música popular española de los años 70 y 80, que subvertía con sus canciones los años déspotas.

 

Con la crisma rota de nuevo –esta vez por la crisis-, era el mismo país, no era el mismo momento, pero las voces y los versos sonaban en el pub como las antiguas ‘canciones protesta’. Sin querer se habían dado la mano dos generaciones, la de Pablo de hace cuarenta años, estilete contra la dictadura, y la de estos jovencísimos sudafricanos conjurados contra el racismo como Makeba y Mandela.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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