Por qué no me callo. A CÁNTAROS

Como una matraquilla me repito que se necesitan canciones para hacer, como en los 60, 70 y 80, cantar a la calle. No es posible decir las cosas de mejor modo que con una canción. Y hay, por lo menos, dos, que declaro mis favoritas para argumentar este ‘desasosiego’, como decía Pessoa: ‘A cántaros’ y ‘Al vent’; ambas demandan su ‘revival’, dos temas insuperables que cumplen 40 y 50 años, respectivamente. La lluvia y el viento siguen siendo, por tanto, las metáforas del cambio. Pablo Guerrero y Raimon, como antecesores de Stéphane Hessel, nos invitaron en las postrimerías de la dictadura a indignarnos con ayuda de sus canciones fetiche. Los cantautores jaleaban a los jóvenes que salían de la jaula, los comprendían y les daban el himno para hacerse fuertes en el campus o las sentadas, que eran modalidades de protesta entonces. Cuando este fin de semana, acodados en la barra del Mala Vida, en Santa Cruz, Pablo Guerrero y quien suscribe dábamos un salto de casi cuatro décadas que hacía que no nos veíamos, me regaló los dos libros -‘Los cielos tan solos’ y ‘¿No son copos de nieve?’- que nos había recitado parcialmente, flanqueado por Luis Mendo y Nacho Sáenz de Tejada, ¡qué tres! Nombres venerables de la canción popular que han resultado ilesos. Ahora todo lo que éramos se ha vuelto silencioso y minoritario (falto de respuesta), la ‘minoría silenciosa’, que nos decía Juan Ramón Jiménez. Los cantautores han perdido su público incomprensiblemente, cuando más requiere éste bardos y trovadores. “Díganle a los amigos que mañana cantamos en el Guimerá”, imploraba Pablo en el pub al concluir que “tus sueños viven más que tu vida”. Yo sabía que delante estaba el hombre que cantó en el 75 en el Olympia de París y dejó el magisterio para dedicarse a la música espoleado por la dueña de sus actos, la palabra, y seducido por Leonard Cohen y Lou Reed. Y que él mismo había compuesto la canción mítica para la “muchacha de nube” que debía saber “que tiene que llover/a cántaros”. Pero me preguntaba por qué los jóvenes ahora no la cantan de nuevo, como sí hacen los de Portugal con ‘Grandola vila morena’, de José ‘Zeca’ Afonso. No lo sé.

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a Por qué no me callo. A CÁNTAROS

  1. Manuel Dóniz

    Las canciones protesta o glosando un futuro que aclarara aquel presente que tuvimos los jóvenes en la época del Franquismo no es que hayan caído en desuso sino que la realidad actual de nuestra juventud, no es la misma que tuvimos nosotros, porque intuíamos una vida mejor detrás de la dictadura, pero nuestros jóvenes ahora no ven nada detrás de este terrible presente que no sea la emigración. Realmente es penoso comprobar como aquella democracia por la que suspirábamos en los años 70, no es en absoluto lo que pensábamos porque en poco más de dos años, la realidad española ha bajado en picado al mismo ritmo que crecían las cuentas corrientes de los principales gobernantes corruptos, por lo que podemos afirmar que la corrupción es capaz de mutar al menos malo de los sistemas políticos y convertirlo en una pesadilla. No, no es tiempo de canciones protesta, es tiempo de echarse a la calle para conquistar el futuro que estos gobernantes esconden a nuestra juventud.

     

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