REBOLO DIRIGE UN PLANETA

Rafael Rebolo lleva el cosmos en la cabeza. Sus dos obsesiones prioritarias –a las que no han tardado en sumarse otras a medida que avanzaba en su carrera- han sido viajar al pasado hasta cazar las huellas del Big Bang, por increíble que resulte tal empresa, y descubrir planetas similares a la Tierra, en aras de hallar mundos habitables como el nuestro. Es, sin duda, el gran discípulo aventajado de Francisco Sánchez, de ahí que su nombramiento este viernes, por parte del Consejo Rector del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), para asumir en octubre la dirección del más prestigioso centro de la ciencia española, haya sido un completo acierto.

El abrazo de la foto de este diario entre Sánchez y Rebolo en presencia de Paulino Rivero, con la noticia aún caliente, es fiel reflejo de los lazos que unen a ambos como el puente perfecto entre dos épocas. Sánchez le lega un ‘planeta’ en órbita, una institución en la champions league de la astronomía, cierto que en la boca del lobo de la crisis, pero con tal arraigo tras medio siglo –más de la mitad bajo la actual estructura del IAC- que cabe decir que el padre de la criatura la deja en las mejores condiciones y en las mejores manos posibles.

A Rebolo, los teóricos de la ‘gran explosión’ que dio origen al universo le besaron los pies en el 94, cuando, con una modesta tecnología y un equipo de primera capturó, por primera vez, desde el Teide, las primeras pruebas del eco de ese momento primigenio excepcional, a través de la variación de temperaturas en la radiación del fondo cósmico. Años después, George Smoot obtuvo el Nobel por sus contribuciones al proyecto del Big Bang, y él mismo me confesó en una visita a La Laguna, allá por los años 90, que le debía eterna gratitud a Rebolo y sus colaboradores por aquella verificación que recibió el nombre de ‘Experimento Tenerife’.

Un mundo “triste, oscuro y frío”

El nuevo director del IAC nos ha contado que, a la luz de sus investigaciones, podemos decir que el universo se expande, es abierto e infinito, y tiende a enfriarse, lo que permite aventurar que en un futuro lejano –dentro de decenas de miles de millones de años, para nuestra tranquilidad- la vida en todos los confines del cosmos será “triste, oscura y fría”, con temperaturas cada vez más cercanas al cero absoluto (273 grados bajo cero). Las estrellas irán actuando como unos “oasis térmicos” hasta agotar su combustible (como se apagan progresivamente las luces de una ciudad que duerme de noche) y sumergirse, como el resto del espacio, en un inmenso glaciar.

Según anuncia, tras conocer la responsabilidad que le tocará asumir en un par de meses, no piensa abandonar la investigación (un deseo que le honra, pero que será su prueba de fuego en cuanto debute en la esfera de la gestión de un gigante como el IAC), a sabiendas de que a ésta, si acaso, podrá dedicar la quinta parte de su tiempo. Rebolo, premio Canarias y Jaime I de Investigación, ya ha sido finalista del Premio Príncipe de Asturias y su nombre comienza a ser citado entre los vaticinadores del Nobel. No en vano ya ha sido concedido a astrónomos que trabajan en su campo de investigación sobre la aceleración de la expansión del universo (así sucedió en 2011, cuando lo ganaron por este motivo dos norteamericanos y un australiano: Saul Perlmutter, Adam G. Riess y Brian Schmidt).

Nacido en Cartagena (Murcia) en 1961, Rebolo es un físico de la Universidad de Navarra que se doctoró en Astrofísica en la de La Laguna y se quedó a vivir en las islas como uno de los investigadores pioneros del IAC desde hace treinta años hasta hoy. El prestigio de este científico que enseña como docente externo en el Max Planck Institute for Astronomy de Heidelberg, en Alemania, y es profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se comprueba en su abundante aparición firmando en revistas especializadas (especialmente, en Nature y Science casi una decena de veces).

Viaje en el túnel del tiempo

Este viajero del túnel del tiempo que convive con la idea de retroceder al estallido que parió el mundo hace más de 13.000 millones de años y, a su vez, con la de encontrar en la actualidad planetas gemelos de la Tierra, quien sabe si también habitados, descubrió con su equipo, en cierta ocasión (1995) las primeras estrellas enanas marrones y varios planetas extrasolares en 2000.   Para Francisco Sánchez, es una decepción que, pese a haber conseguido hacer del IAC uno de los centros de excelencia dentro de la investigación “más productivos de España”, con cerca del 42% del total de publicaciones científicas del país (el presidente Paulino Rivero añadió tras la reunión del Consejo Rector que el instituto canario sitúa a España como el octavo país generador de resultados astronómicos) y el que reúne la mayor concentración de telescopios del mundo, gestionados por más de 60 instituciones de una veintena de países, ni siquiera el Estado lo considere entre los logros dignos de formar parte de la tan traída y llevada ‘marca España’.

El telescopio emigró a América

Una de las mayores frustraciones de la era Sánchez ha sido la intransigencia política en su desafecto hacia la investigación, al negarle utilidad a su financiación. El saliente director y fundador de este centro admirado en toda Europa, se lamenta de la desgana de los sucesivos gobiernos centrales hacia el IAC como centro rentable científica y económicamente. Una desidia –o intencionado desinterés- que se vio reflejado en la reciente etapa de la ministra Garmendia, al no respaldar como debía la candidatura del IAC para acoger el E-ELT, el telescopio ‘extremadamente grande’, que finalmente, pese a su condición de proyecto europeo, fue a parar al cerro Armazones, en el desierto chileno de Atacama. Un despropósito teniendo a mano, en el hemisferio norte, al mayor complejo de lentes que miran al espacio y, en particular, al Grantecán, el mayor telescopio óptico vigente del mundo, con un espejo de más de diez metros de diámetro, que, pese a estar en pleno rendimiento con evidente éxito, sólo recibe de parte de la Administración continuos recortes y desaires. No hace mucho se especuló sobre su continuidad o cierre.

Rebolo hereda la joya de la corona de la Astrofísica española y europea, y posee la reputación y el reconocimiento internacional que exige una plaza como la suya. Pero para desenvolverse en las aguas que le esperan ha de ir bien pertrechado para remar contra corriente, a sabiendas de que esas olas en contra no lo dejarán nunca en paz. No le coge de sorpresa, pues lleva en este barco desde los años 80 y es testigo de excepción de todo lo bueno y malo que ha llovido en este tiempo.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

Añadir comentario