GABO, VARGAS LLOSA Y LA LISTA NEGRA

 

Vargas Llosa disfruta de la doble nacionalidad, y ese verbo no es gratuito; de no ser, además de peruano, español legalmente, cualquiera de los funcionarios del Consulado de España en su país, que se rigen por un código ultramontano de alergia al ‘sí’, le espetarían, al descuido, un ‘no’ a la visa y tendría problemas para viajar a Madrid. Al menos, así se las ven y se las desean sus compatriotas cuando pasan por ventanilla. Pero no es el caso. Mario Vargas Llosa entra y sale con el pasaporte en la mano y ese mismo derecho lo querría el Nobel para todos sus paisanos. Rajoy, hace 72 horas, lo prometió. Bruselas acaba de aguarle el anuncio. España necesita de Perú. Bruselas, la Comisión Europea necesita un psiquiatra. Europa es un palacio en ruinas. Perú es un palacio que se levanta sobre las ruinas. El caso de Colombia es similar. García Márquez se llevó las manos a la cabeza cuando le dijeron que iba a necesitar visa para pasear por Barcelona, donde escribía sus primeras páginas en los albores del boom. ¿Qué pinta un visado a Perú y Colombia en 2013? Si me piden una opinión, diré que es una barbaridad, y una falta de respeto a países como Perú, que frecuento desde hace seis años (desde 2007: el año del terremoto), que nos abre las puertas amistosamente, nos da trabajo a parados y empresas y nos ofrece ceviche en Lima con una sonrisa de Gastón Acurio, amigo de Manolo Iglesias. En fin. La noticia es que Bruselas no parece estar por la labor. Al menos, a corto plazo. Y a mí se me cae la cara de vergüenza cuando aquí, este agosto de día canicular y de noche helado, me preguntan si yo también tuve que pedir visado para pisar Perú.

 

La petición española a Europa de levantar la obligación del sello a peruanos y colombianos ha nacido malherida por un envanecimiento extemporáneo de Bruselas, que pretende seguir mirando por encima del hombro al ‘mendigo sudaca’, ignorando que ambos estados de Latinoamérica hace rato que emprendieron la carrera del crecimiento. El PIB de Perú repetirá este año el listón del 6% que ya logró en 2012, y Colombia no bajará del 4%; son economías emergentes que dieron un salto espectacular por la subida de los precios internacionales de sus materias primas y ahora recaban la presencia de grandes empresas extranjeras (en especial, españolas) para dotarse de las infraestructuras (carreteras, aeropuertos, hospitales, energías…) de las que carecen tras décadas de pobreza crónica. España –y otros estados europeos devastados por la crisis- están mirando a Perú, Colombia, Panamá o Paraguay, y no dudan en trasladarse con su experiencia, a golpe de proyecto. América –estos países, precisamente, con paro simbólico- se han convertido en la tabla de salvación del viejo mundo, esta vez sí percutido por una senectud económica que está a la vista.

 

La casa de mamá

 

Y es entonces donde Bruselas mete la pata hasta el corvejón, molesta ante el rumor –publicado en España el pasado fin de semana- de que Rajoy había telefoneado a los presidentes de Perú (Ollanta Humala) y Colombia (Juan Manuel Santos) para darles la buena nueva de que piensa instar a Bruselas y a los 27 restantes estados miembros de la UE para que se excluya a ambos países de la lista negra para entrar en el Espacio Schengen, que obliga a sus ciudadanos a pasar por el filtro vejatorio de la visa si quieren visitar, siquiera turísticamente, España u otro destino de Europa.

 

“¿Visa para ir a casa de mamá?”, explotó Gabriel García Márquez en 2001 cuando se enteró del desplante. Juró no volver a pisar las calles de Madrid y España entera (el que a-visa no es traidor), aunque, como Álvaro Mutis, se desdijera luego discretamente con veladas estancias en la madre patria desconfiada. Bruselas, pese a todo, persiste actualmente (año sexto de la crisis con que se tambalea) en su vanidad de club selecto que se reserva el derecho de admisión. Le ha dicho a España que no es quién, que la medida se verá por los 28 si acaso el año que viene, y tardará. O sea, a la cola. He visto, por cierto, las colas de peruanos desencantados en nuestro Consulado de Lima, y da pena. Pagan la tarifa por rellenar el formulario para la visa y se las deniegan sistemáticamente como apestados.

 

Olvida Europa que ahora es al revés. Son Perú y Colombia, con su despegue económico, los que podrían permitirse el lujo de responder a España y la UE como hizo Brasil cuando en 2008 comenzaron a ser devueltos a su lugar de origen brasileños que no reunían toda la documentación para cruzar el control de seguridad de Barajas. Erre que erre, Bruselas hace como si estuviera en condiciones de seguir imponiendo las reglas de juego. Ahora somos nosotros los que emigramos a Perú, donde me encuentro en estos momentos echando balones fuera, un país que recibe con perplejidad los desaires de Europa, a la que acoge con los brazos abiertos.

 

El éxodo empresarial y profesional de españoles y europeos a estos países debería ser suficiente argumento para cancelar de golpe cualquier traba burocrática si desean viajar a Madrid, París o Berlín. Y si Europa no quiere, que España haga la vista gorda y los deje pasar por dignidad. Ya no cabe tildarles de narcotraficantes, ni de inmigrantes irregulares a espuertas. Son nuestros arquitectos en paro los que están cruzando el charco sin papeles, y nuestras empresas sin obras en España las que buscan contratos en los despachos de Lima como una jauría de lobos.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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