¿LAS PRUEBAS VOLARON? EL AVIÓN, NO

 

Después de cinco años persiguiendo responsabilidades por las causas del accidente aéreo de Spanair en Barajas, las familias de las víctimas –más de 150- y los pocos supervivientes de aquella tragedia de agosto de 2008, se miran entre ellos y sienten que el estado de derecho les ha dado la espalda. Existen evidencias más que probables de que el MD-82, el avión siniestrado, no es un aparato enteramente fiable por una avería de fábrica que no ha sido corregida y que, según todas las sospechas, está detrás de una serie de misteriosos incidentes, uno de los cuales acabó en drama humano aquel día en el aeropuerto de Madrid: el tristemente célebre vuelo JK5022. ‘Una cadena de errores’, como reza el título del documental que estrenamos hace dos años en El Envite (TVC), ha quedado reducida a una cadena de presuntas omisiones flagrantes, desde la infumable investigación oficial –que ignora la importancia del ‘relé’, la pieza que rige el sistema de alarma, que no funcionó en el despegue fallido- hasta el archivo del caso penal en los tribunales para su tramitación por la vía civil en el ámbito exclusivo de las indemnizaciones. ¿Regresará este inconcluso caso a la actualidad el día menos pensado a instancias del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo? ¿Será necesaria esa bofetada al oscurantismo del Ministerio de Fomento, incapaz de zanjar cualquier posible peligro para pasajeros futuros aprovechando esta lamentable desgracia, y a un sistema judicial español víctima de su propia esclerosis burocrática? Los afectados han recurrido el Constitucional, y en los homenajes de recuerdo a quienes dejaron sus vidas en Barajas sin poder llegar a su destino, Gran Canaria (numerosos paisanos, entre esas personas), no han disimulado su frustración y alarma. Lo que equivale a no haber podido enterrar aún definitivamente a sus muertos, a la espera de que se haga con ellos precisamente lo que no se acaba de hacer: justicia.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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