Por qué no me callo. SIRIOS Y COREANOS

Si las guerras de escarmiento impartieran justicia, habría que bombardear, además de Siria, a Corea del Norte, donde el sátrapa con cara de niño consentido ordenó vaciar el cargador contra un plantel de músicos por haber grabado un vídeo de alto contenido erótico y cantar en sus filas una exnovia del enano barrigón con cuello mao. Pero tiene el botón nuclear, del que ya hablamos en su día, y unas arrancadas que pueden costarle caras al mundo, de por sí metido en líos. En un abrir y cerrar de ojos, nos hemos olvidado hasta de los espectros de Bin Laden, Sadam y Gadafi, y los señores de la guerra necesitan un sustituto de tal catadura. La crisis ya dijo Krugman que se resuelve con una guerra ad hoc. Cada tomahawk cuesta más de un millón de euros, lo que da idea de cuánto agradece la industria armamentística un foco de desgaste proceloso. La represalia de Occidente al zanquilargo sirio, argumentalmente, se sostiene; no requiere del embuste de las armas de destrucción masiva: él mismo las exhibe en público como si mostrara sus vergüenzas abriéndose el abrigo: el pasado 21 (al día siguiente de los ametrallados en Corea del Norte) segó más de 1.400 vidas (centenares de niños entre ellas), en los suburbios de Ghouta, al este de Damasco, con una lluvia de gas sarín, por el placer de matar sigilosamente sin dejar rastro físico. Bachar el Asad y Kim Jong-un son dos genocidas intolerables de este siglo infame, donde “lentamente/los muertos avanzan/hacia el futuro”, como escribió Seamus Heaney, poeta irlandés fallecido el viernes, el día del no de los Comunes a Cameron sobre el ataque. Lo triste de éste no es sólo que Obama luzca su precipitado Nobel de la Paz fumigando con misiles los objetivos militares seleccionados, sino que se trata de un correctivo indulgente. En esta astracanada, Asad es un instrumento útil de las potencias y no se desharán de él todavía. Los niños de Siria dibujaban en su refugio jordano tanques y cuerpos con sangre en la calle. “Ahora ya hacen corazones y flores de colores” (en Teide Radio, Najwa Mekki, portavoz de Unicef desde el campamento de Zaatari). Viven del crowdfunding: de la solidaridad. Mientras, la guerra sigue su farsa.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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