OLGA CERPA, BUSCANDO A VALENTINA

OLGA CERPA

La búsqueda de Valentina la de Sabinosa da sentido al encuentro de algo tan significativo como la identidad. La cantante Olga Cerpa, que ha retado a los más variados géneros con la solvencia exquisita de su voz dulcísima, se halla, al cabo de todos los vuelos de su vida, al fin, en la voz de tierra de Valentina, como si aterrizara en ella, y ese viaje interior hasta los ajijides herreños le han llevado más lejos que muchos aviones en muchas giras.

 

Olga se sincera ante los micrófonos de Teide Radio y cuenta que Taburiente y Mestisay se han dado la mano para ir tras la pista de la ‘comadrona’ de La Frontera, como un ejercicio de identificación. “Vamos de un sitio a otro, pero, ¿de dónde venimos? Las nuevas generaciones tienen que saberlo”, señaló la intérprete que comparte con Luis Morera y Manuel González la apuesta musical junto a centenares de músicos que han ido subiendo al escenario desde que el espectáculo rueda.

 

Nanino adoraba a Valentina Hernández (1889-1976). Nanino era Fernando Díaz Cutillas, el mítico presentador del programa que no se perdía ningún canario en la pequeña pantalla, ‘Tenderete’. El impacto fue tal que las apariciones de la tamborilera herreña y su hilo de voz cantando como nadie el ‘arrorró’ (“mi niño,/arrorró rorró rorró,/ rorró rorró rorró,/ duérmete mi niño chico,/duérmete y no llores más,/que vienen los angelitos…,/que vienen los angelitos del cielo y te llevarán…”) se hicieron muy populares en toda Canarias, y nadie podía decir que no sabía quién era esa mujer vestida con hábitos de madre campesina que nunca se daba aires de artista.

 

Olga habla de Valentina con la veneración que inspiran los guardianes del folclore en sus últimos vestigios. Valentina era una de esas abuelas eternas que hay en el mundo, enseñaba a los jóvenes a bailar y cantar su ‘meda’, su ‘tango herreño’, su ‘baile del vivo’, y era como si estuvieras viendo el tiempo pasar despacito mientras caían las hojas de ese árbol tristemente abocado a desaparecer. “Son las raíces”, exclamó Leopoldo Fernández, “la idiosincrasia”. Y citó los antecedentes de este proyecto en la trayectoria de Mestisay (fundado en 1978), entre ellos el ‘Romance del Corredera’, con su autor Pedro Lezcano, o ‘Querido Néstor’, sobre el compositor Néstor Álamo.

 

Canción canaria

 

En la digresión que siguió antes de proseguir con la entrevista, aproveché para glosar la figura de Néstor en los orígenes de la llamada ‘canción canaria’, espoleado por la falta de temas locales en el repertorio de la cantaora Encarnación López, ‘La Argentinita’, en una escala en las islas recomendada por García Lorca; y con Pardellas rendimos memoria a los imprescindibles Huaracheros. De esas semillas vendrían más tarde Taburiente, Sabandeños, Gofiones, Mestisay y tantos… A Taburiente, sin duda el grupo de canción popular que llegó más alto en los años transitorios de la dictadura a la democracia, nos lo volvemos a encontrar ahora en esta búsqueda de Valentina en su pozo de aguas medicinales bañándonos los ancestros. Morera canta con la sabiduría africana de esas voces primitivas que son reserva y antañazo y suenan auténticas, estremecedoras. Valentina no cantaba como una persona, sino como un pueblo. Luis, Olga, hay gente que canta así.

 

“El Hierro es un reducto aislado que conservó la música sin contaminarla, con sus esencias, intacta. A nosotros nos ha dado mucho, y como somos unos atrevidos, pues fusionamos sin recato, y sale lo que hacemos, que es el fruto de una investigación”, vino a decir Olga Cerpa celebrando los hallazgos de este ‘mestizaje’. Marlene Meneses, conductora de ‘Canarias en la Onda’, hizo esta observación: “Las mujeres cedían su sitio a los hombres, que bailaban a la Virgen en El Hierro, y, en cambio, Valentina es insustituible.” Olga admite que afronta esta búsqueda a las raíces, a través de su exponente quizá más puro, más antiguo y, en efecto, inimitable, “con mucho respeto, con mucho pudor”. Puso el ejemplo de un recital suyo en Miami de boleros; al final le aplaudían haciendo un comentario: “¡Suena distinto!”. Olga responde que “esa es mi verdad, soy de un sitio distinto y cantamos y componemos distinto, como les pasa a los caboverdianos.”

 

Siguieron saliendo nombres de voces, Fabiola Socas; de timplistas, Benito Cabrera y José Antonio Ramos… “Hay mucho talento a nuestro alrededor”, dijo la cantante grancanaria, que citó el caso de Alejandro Cabrera, “un chico que toca con nosotros el laúd y parece Al Di Meola”.

 

Como no podía faltar a la cita, alguien mencionó la crisis, la “loca de la casa”, que diría Santa Teresa, y Olga hilvanó su tesis al respecto: “Nos obliga a los artistas a replantearnos nuestro trabajo con el público, a no ser funcionarios y quizá a volver a nuestros orígenes de juglares, que recorrían los pueblos por unas monedas.” A la noche siguiente, la esperaban en la Plaza del Cristo (La Laguna), y después en Moscú, en Milladoiro (La Coruña), EE.UU, Puerto Rico… El mismo oficio de aquellos trovadores medievales, juglares y ministriles, como si en seiscientos años no hubiera pasado nada.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a OLGA CERPA, BUSCANDO A VALENTINA

  1. Pingback: OLGA CERPA, BUSCANDO A VALENTINA (de la web de Diario de Avisos) | Carmelo Rivero

Añadir comentario