Por qué no me callo. TRES ARTISTAS

 

El escultor y pintor José de Guimaraes había perdido toda esperanza de que fuera inaugurada oficialmente su ‘Luta de serpientes’ en la Avenida de Madrid de Santa Cruz, pero de esos letargos de la burocracia y la desidia institucional ha hecho una máxima: “Un artista sin paciencia no es nada”. Ahora que, por fin, diez años después, sus cobras se yerguen, rojas y blancas, como las de Sinaloa (en el año de la serpiente de agua, 2013), el artista portugués no muestra asomo de resentimiento. Hace cuarenta años que Vicente Saavedra, Carlos Schwartz, Eduardo Westerdahl, Maud, Domingo Pérez Minik y demás adláteres del Colegio de Arquitectos concibieron una ciudad imaginaria capaz de albergar esculturas en la calle (1973-2013), y hoy Santa Cruz no sabría decir quién es sin la ‘mujer botella’ de Miró que al principio llevaba un caracol en la cabeza y el pueblo la apodó la ‘chuchanga’, sin los escrotos de Xavier Corberó (motejados como los ‘huevos de Carrero’), sin la ‘Lady Tenerife’ de Chirino, o sin el Henry Moore en bronce. El artista de Yorkshire pidió que su primera figura reclinada (era otra) hiciera compañía al ‘Sirinoque’ de Emilio Machado: ese edificio-orquesta blanco de balcones como guitarras que cuelgan en la Rambla, bajo la mirada, en efecto, del ‘Guerrero de Goslar’. Emilio lo conoció en 1974 en Barcelona, en la casa del padre de la arquitectura española de posguerra, José Antonio Coderch. “La escultura es una arquitectura pequeñita sin función”, dijo el maestro embromado bajo los efectos de la sobremesa, y Moore transigió con la callada por respuesta. El pintor Machado (canario, mexicano y neoyorquino, todo junto) es, además de arquitecto, cantante; por eso, Lothar Siemens lo recordó el lunes, cuando le entregaron el premio Magister de la Real Academia Canaria de Bellas Artes (pintor de la “belleza eterna”, lo llamó en la laudatio Guillermo García-Alcalde), cantando fados de Coimbra. En plena fiesta del arte en la calle en Santa Cruz, este mes traerán siete obras monumentales de Moore su fundación y la de la Caixa, como si las esculturas fueran al encuentro de sus semejantes.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario