Por qué no me callo. LOS 5 OJOS

 

La vida de los otros

‘La vida de los otros’, de Florian Henckel, ganó en 2006 el Oscar a la Mejor película de habla no inglesa

 

En Canarias, en cierto momento, se avivó la psicosis de no hablar por el teléfono móvil, ajena al tumor eventual del que alertaba el físico nuclear Lorenzo Doreste. Todavía prevalece la suspicacia, pero más sutil, aquello era miedo físico, otra cosa. Era como vivir bajo el síndrome de ‘La vida de los otros’, la película sobre la Stasi en las postrimerías de la RDA: el dramaturgo, aunque afecto al régimen, husmeado por un turbio enredo sexual a sus espaldas. La historia (Berlín oriental) surge en 1984, año mimético en que Orwell sitúa el Estado totalitario y ubicuo de su novela premonitoria. El autor prefería creer que era una distopía literaria impensable, pese al paralelismo entre Stalin y el ‘Gran Hermano’, pero hoy nos resulta asquerosamente familiar. A Merkel, alumna aventajada de Alemania del Este, podrá contrariarla que el Tío Sam le ‘chuponee’ el móvil (objeto icono de un siglo de delaciones), pero carece de credibilidad su estupor. Ni Rajoy, rehén ‘celular’ de Bárcenas, puede alegar perplejidad. O mucho menos Rubalcaba, la mano que accionó el sistema Sitel de interceptación de comunicaciones, podría cruzar una queja decente con Obama si Snowden lo acredita como ‘objetivo’ de la NSA. La telefonía ‘smartphone’ y la fibra óptica (toda esa taumaturgia) tejen la telaraña de oficinas secretas por el mundo del gran hacker americano en la era ‘Homeland’ de esta astracanada, y los cotilleos entre líderes están grabados y transcritos en el despacho oval convenientemente. La calentura de Merkel porque EE.UU. –y el Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, el quinteto anglosajón- la pirateó (“¿cómo osaron?”) tal cual Nixon a los demócratas en el edificio Watergate, no es ni de lejos la de cualquier europeo de a pie indignado ante la sospecha de que su propio Estado le rebana la conversación. En este revuelo de sombras chinescas llueve sobre mojado. Manuel Medina me habló hace mucho de ‘Echelon’, una trama del mismo pelaje que asaltaba de modo ultrajante información política y económica a la UE. Ahora, la tibia respuesta de la cumbre europea –en su flojera habitual- consagra el cinismo del cazador cazado. Los cinco ojos no son de Dios.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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