Por qué no me callo. CHIRINO & MOORE

MARTIN CHIRINO

Martin Chirino y Henry Moore

Chirino (con un átono ‘Martin’ lo saludan los allegados) expone sesenta años de férreo pensador en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que él presidiera. Retrospectiva de hierros y anticipo de su próxima fundación en el Castillo de La Luz (Las Palmas). Uno de los grandes europeos de la escultura de entresiglos. Estos días, ‘Martin’ Chirino en Madrid y Henry Moore en Tenerife se reivindican como dos voces fundamentales contra el desconcierto artístico del momento. Ambos, aliados de la calle. El inglés esculpía para exponer a cielo abierto tras la Segunda Guerra Mundial. La Henry Moore Foundation (con Caixa-CajaCanarias y el Ayuntamiento) ofrece en Santa Cruz una celebración de la escultura como género de masas. Diríase que Chirino y Moore llevan mucho tiempo conversando a través de su ‘Lady Tenerife’ y su ‘Guerrero de Gosslar’, dos vecinos coetáneos que han terminado por ‘enrollarse’ entre las esculturas en la calle que cumplen 40 años. A este dúo de artistas les sienta el roce de la gente, son carismáticas sus piezas, los fans las quieren tocar como ídolos de rock y de cuando en cuando demandan una mano que les limpie el graffiti de los amores urbanos. Chirino es amigo del aire y del hierro (de aire de hierro parecen hechos sus aeróvoros y espirales). En Triana desplegó sus colosos, avales para ser capital cultural europea, y se le veía a sus anchas: el creador y su mundo posando juntos. Moore habría paseado por Santa Cruz de incógnito viendo a la madre que fotografía a la hija adulta detrás del ‘Óvalo con puntos’, o  al niño dentro de la mole de bronce como un puño cerrado, y el inglés gozaría como el canario con deleite de dios. Chirino frisa los 90 años y, como Millares (ahora en la Cristino de Vera de La Laguna), consiguió ser profeta en su tierra contra viento y marea, hijo de Las Canteras, undécimo de doce hermanos, llevando a todas partes un “áfrica de agonía ardiente”, como decía Vallejo (un día lo sorprendí, detrás de mi casa, colocando con operarios su ‘Gran Cabeza Africana’). Y tiene estrella. De joven en Madrid, Nelson Rockefeller, que era el hombre más rico, lo invitó a Nueva York. Martin me dijo que en ese viaje se le abrieron las puertas del mundo.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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