LA MEMORIA DEL AGUA

 

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El agua buscó camino /DA

 

El caos del agua corrobora una atávica amnesia que explica la reiteración del fenómeno y nuestra escéptica falta de previsión. No es nuevo, ni será la última borrasca que nos deje con las vergüenzas al aire, amén de un Teide nevado que amamanta el acuífero.Los cortes de carreteras y fluido eléctrico e inundaciones de inmuebles, los saltos de alcantarilla, la infraestructura de cartón piedra, las vías rajadas como por un seísmo en El Hierro, la sensación intrínseca de que ‘cuatro gotas’ pueden bastarse para desatar una tragedia…

 

Las islas están rodeadas de agua, pero no  transigen con la que se precipita sobre ellas. Nos faltó siempre el paraguas de la prevención, como quedaba descrito días atrás en un titular de este periódico, al socaire de un nuevo aniversario del Delta (finales de noviembre de 2005) y el temor de una nueva riada como la del 31 de marzo de 2002: ‘Más de 500 lugares tienen riesgo de inundación por lluvias en Tenerife’.

 

La limpieza de los barrancos –sobre cauces se levantó la ciudad con poco margen de extensión entre el mar y las laderas- es una tonadilla que suena por estos meses de noviembre a febrero, los más lluviosos con una probabilidad aplastante. Pero también tentamos al diablo de inundación en la crítica bahía de San Andrés, cuyo dique –para mantener a raya los frecuentes oleajes- es una obra que se eterniza peligrosamente.

 

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La borrasca deja una nevada incipiente en el Teide/DA

 

Mapa de riesgo

 

Un Talón de Aquiles de las islas es su conmiserativa orografía, pero no nos dejemos compadecer por ella: hagamos algo para no sucumbir a sus riesgos y trampas cada vez que sobreviene una tromba como esta o como las de toda la década pasada.

 

En el foro que abordó el citado mapa de riesgo de riadas en Tenerife, con el acento puesto en la evaluación del peligro de inundación, se oyeron afirmaciones que sonrojan a las autoridades negligentes. Otras confesaban imponderables de lesa morfología territorial: “la configuración de la desembocadura del barranco de Santos es insólita, seguirán las inundaciones” (Luis Cola Benítez).

 

Santa Cruz no aprende, como no quiere aprender el conjunto de Canarias, que con la última gota de agua, regresa a su siesta habitual, hasta el siguiente episodio. En los últimos cuarenta años se han registrado, al menos, 25 lluvias torrenciales sobre el archipiélago, y lo único que hemos acertado a decirnos con cada una de ellas es que “jamás había llovido tanto que se recuerde”.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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