Por qué no me callo. MANDELA

 

MANDELA

Nelson Mandela

 

Resulta extraño admitir que Mandela ya no está. Cuando uno era niño, él ya era un preso político célebre. Sudáfrica nos interesaba en tanto Mandela era Sudáfrica. Por eso aún recito de memoria: ANC, Botha, De Klerk, Winnie y Desmond Tutu. El foco de la prensa de los años 60 reducía Sudáfrica a una celda de Robben Island, donde un joven abogado negro forjaba su leyenda con paciencia infinita. ¡Ah, Soweto también eran parte de la metonimia! Y descubrimos la palabra ‘apartheid’. Mandela, idealista global, era muchos iconos en uno: Martin Luther King, Gandhi, El Che…, y habría contemporizado con este papa que también sonríe. Se leen con lágrimas las crónicas retrospectivas en El País de su biógrafo John Carlin, autor de ‘El factor humano’, que Clint Eastwood llevó al cine (‘Invictus’). El Mandela gentleman que se hacía los trajes en el sastre de la jet y tenía un don natural para la imaginería política, nunca perdió la corteza rural de ‘mago’, al tiempo que con poderes ocultos: ¿cómo hizo de la Sudáfrica racial una nación reconciliada? ¿Con qué armas secretas? Tras divorciarse de la levantisca Winnie, llegaron sus amores provectos con Graça Machel, la viuda del mítico presidente mozambiqueño Samora Machel, al que conocí en la Habana. A Mandela lo veías envejecer en fotos, como si estuvieras a su lado. Iba al encuentro de los años “sin miedo” (vivió 95), como en el famoso poema de William E. Henley, que le ayudó a no pudrirse en la cárcel. La última vez que Carlin lo visitó (2009), flotaba en una espesa amnesia y el periodista le extrajo una confesión del fondo del alma: el secreto fue “tender la mano” al afrikáner. Cuando Mandela le dijo adiós con “la mejor sonrisa del mundo”, Carlin se detuvo a contemplar con pena la cabeza blanca venerable por última vez. No le interesaba el poder, sino plantar la democracia y que fuera el árbol de todos. “Un hombre, un voto”, dijo como un mantra en la primera entrevista televisada, con Brian Widlake (1961). ¿Pudo aquel hombre dirigir el brazo militar del ANC? Lo hizo, quizá sin lacra, hasta abrazar la paz y su Nobel. Mandela decía que no era un santo y que del cielo lo remitirían al infierno. Lo cierto es que todos le queríamos, en todas partes. Y ahora esto es el Mundo sin él.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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