ISAAC DE VEGA, EN LA CORNUCOPIA DE FETASA

 

foto de museosdetenerife.org

foto de museosdetenerife.org

Los escritores insulares continuamente abogan por una mayor presencia en la Península de la crítica y la edición, se lamentan del aislamiento de sus cortas tiradas locales y reivindican el plácet de los señores que homologan el canon de la literatura española, los ‘harold bloom’ de Madrid, para sentirse iguales, seguros de sí mismos, admitidos. Isaac de Vega, que nos dejó al despuntar febrero, con 93 años, tenía, como su álter ego, Rafael Arozarena, fallecido cuatro años antes, poca ambición nacional; diríase que también era poca su búsqueda de fama. O ninguna.   Una de las últimas escenas de este patriarca de las letras canarias, que guardo en mi retina, corresponde a la tarde que lo vi paseando solo y reconcentrado, por la calle Ramón y Cajal de Santa Cruz, ya por entonces con una hipoacusia avanzada, como diría mi buen amigo José Juan Barajas. Era un hombre insondable y humilde, de una ‘metafísica insular’ -a la que se refirió Juan Manuel García Ramos-, que lo hacía serio y jocundo a la vez, plácido y socarrón. Creo que se ha ido en paz, como si hubiera cumplido el siglo ahorrándose siete años por licencia de cada isla, y que era consciente de dejar una obra para la posteridad.   A los cuentos y novelas de Isaac de Vega acudiremos a partir de ahora con mayor frecuencia que en vida del autor. Le pasó también a Luis Feria. Y a los pintores que mueren para mayor gloria de sus lienzos (he ahí el ejemplo ‘millonario’ del `’Retrato de la pianista Roma’, de Óscar Domínguez, en la subasta de la sala Christie´s de Londres).   De Vega y Arozarena aportan a la RAE la palabra que inventó el segundo y dio nombre al movimiento que lideró por último el primero: ‘Fetasa’. La maldición del isleño envuelto en olas hasta la muerte es también la dicha del náufrago que va en ellas a su encuentro. Las islas han vivido siempre de los que llegan, como madres nutricias de la inmigración de los continentes. De ahí, Lampedusa o Canarias. Issac de Vega sospechó que ser ‘fetasiano’ concedía el privilegio de ahondar en  la “sublimación de la conducta del hombre”. El hombre en la isla, en su paisaje humano, antropomórfico.   Nos quedaremos sin saber exactamente qué quería decir ese término con el que tituló una de sus mejores novelas. “Se es fetasiano cuando se muere”, decía Arozarena. Pues no lo sabremos hasta entonces.  Ambos se llevaron el secreto a la tumba. Y a los herederos de su mitología y de sus metáforas les quedaron los libros que ellos escribieron, como si brotaran fetasianamente de una extraña cornucopia, como habría dicho Paco Pimentel, que era de la misma cuerda.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 2 comentarios

2 Respuestas a ISAAC DE VEGA, EN LA CORNUCOPIA DE FETASA

  1. El Jugador

    ¿Seré así de mayor?

  2. Bern

    Haces bien en creer que se fue en paz, en completa paz.
    A pesar de lo recogido en algunos medios, Isaac no padecía enfermedad alguna, no requirió ingreso hospitalario y desde su domicilio, rodeado de su familia, se retiró definitivamente a sus montañas fetasianas el pasado lunes, bien temprano.

Añadir comentario