‘CANARIAS OPEP’

J.M.Soria y Paulino Rivero/ elconfidencial.com

J.M.Soria y Paulino Rivero/ elconfidencial.com

 

La existencia de petróleo determinaba en el siglo pasado un salto cualitativo en el potencial de una región. A cada hallazgo de un nuevo yacimiento se tiraban voladores en los países llamados emergentes por lo que ello suponía de riqueza y caché. Los petrodólares y la opulencia árabe de una OPEP jactanciosa constituían mitos inalcanzables para los países que no podían alardear de PIB. De tal suerte que las primeras noticias de que podría haber petróleo cerca de nuestras costas hicieron albergar sueños de grandeza en un territorio del batallón de los pobres. La propuesta de consulta popular que acaba de lanzar el Gobierno canario para conocer la opinión mayoritaria de las islas al respecto tiene miga. Yo creo que Canarias se alegra, aunque no lo diga, de que haya petróleo en esas cuadrículas frente a Lanzarote y Fuerteventura, pero recela de Repsol (y la australiana Woodside), porque alega que, con la ley de minas e hidrocarburos en la mano, la multinacional adquiere todos los derechos automáticamente desde el momento que encuentre lo que busca. O sea, prospección y extracción serían dos cosas indisolublemente unidas. Creo, por tanto, que, en el fondo, los gobernantes locales anhelan que ese ‘tesoro’ permanezca intacto en el lecho submarino hasta que la ley permita a las islas participar de un trozo de tarta más considerable. La campaña en contra sería, por tanto, en primer lugar, contra Repsol (y socios). Es también un pulso político que alimenta la fogata nacionalista (y al PSOE no le cuesta trabajo reforzar el pacto con la defensa de la sostenibilidad, aunque José Miguel Pérez dijera aquello en su día de sacar el petróleo “con los ojos cerrados”). El petróleo es un clásico en los anales de las pugnas nacionalistas con los Estados. Además, las islas más ‘petrolizadas’ en este conflicto, Lanzarote y Fuerteventura, son una de las claves en las luchas intestinas en CC para el rumbo del partido y el candidato. Por último, hay una verdad intrínseca en el antagonismo turismo-petróleo. Las malas experiencias de los vertidos de las grandes petroleras no ayudan a pensar que el turismo –la gallina de los huevos de oro de Canarias- no corra peligro. Moralmente, el Gobierno canario rema con viento a favor. Legalmente, la va ganando el Gobierno central. Políticamente, Paulino Rivero y José Manuel Soria mantienen un pulso que esconde los residuos de un pacto truncado, la deriva de La Palma y el equilibrio de poder en  la galera. Erre que erre, ninguno dará el brazo a torcer.   

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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