DEBATE EN EL CÓNCLAVE Y HUMO BLANCO

 

Rubalcaba y Rajoy /zoomnews.es

Rubalcaba y Rajoy /zoomnews.es

 

Hemos hecho el máster en economía y ya sabemos que la sanación tardará en llegar a las áreas más sensibles del organismo. España sale del coma y se levanta de la cama, pero dista de poder hacer vida normal. Es el prototipo de enfermo que recobra a duras penas la verticalidad, tras un largo período de astenia que le precipitó en el sopor y más tarde la parálisis, hasta quedar sumido en un estado casi vegetal. Ahora anda como un niño o como un anciano, torpemente, pero se vale por sí mismo y sabe que permanecerá deambulando por los pasillos del hospital, como un enfermo crónico, hasta que le den el alta, dentro de mucho aún, y pueda regresar a la jungla, al ajetreo de la calle y los ruidos de los coches (pero sabe también que ya no volverá a ser igual, que no soportará los embates con el mismo temple, que estará más quemado). Todavía no. Este martes, Rajoy describió al país que gobierna con las mejores noticias del médico  al pie de la cámara del paciente. “Levántate y anda”, enunció bíblicamente al proclamar el fin de la crisis. “Hemos cruzado el Cabo de Hornos”. Es ahora el turno de la convalecencia, que será lenta, como dijo el mismo día Olli Rehn. Ambos, Rajoy y el vicepresidente económico de la Comisión Europea (el dómine de la austeridad), dieron buenas noticias el mismo día. El presidente español celebró la salida de la recesión y anunció bajadas de impuestos (que exoneran del IRPF a los que cobren menos de 12.000 euros al año) y la tarifa plana de las cotizaciones sociales (100 euros al mes para empresarios que creen empleo permanente). Rehn regaló los oídos de Rajoy doblándole la previsión de crecimiento (de medio punto al 1% en 2014 y 1,7% en 2015). La política se ha vuelto, como el fútbol y la economía, un estado de ánimo. Se hizo mucha política con la crisis, se nos metió mucho miedo con la prima de riesgo y el déficit. Eran los tiempos negros en que las agencias de calificación coreaban que España se iba a pique y cargaban contra la solvencia del país. En aquella dinámica la política se volvió taciturna y había mucha mala leche en los discursos y declaraciones. Sufrimos tortura china con la prima de riesgo, cada día nos flagelaban con el diferencial respecto a Alemania, y en Berlín se frotaban las manos viendo a España sudar la gota gorda. Y se nos daba caña con el objetivo de déficit, que era como el Santo Grial; se fiaban todos los esfuerzos a combatirlo, a costa de desbocar el caballo del paro. Desde que un buen día de 2012, Draghi (BCE) anunció la compra de bonos de la deuda soberana si un país en dificultades se plegaba al rescate, la prima de riesgo comenzó un retroceso escalonado e imparable. Hasta hoy. No miente Rajoy cuando dice que España se salvó del rescate. Pero sí cuando da a entender que él solito la salvó. Él, por sus santos bemoles, y Draghi por haber cruzado la raya (ese sí que cruzó el Cabo de Hornos) que llevó a los alemanes a denunciarlo ante su Tribunal Constitucional (sin éxito, por cierto). Ya la política no se ceba con la moral de la gente. El tono es otro. Se hacen bromas de la crisis. Se amaga con tirar voladores. Se vende otra clase de humo. Es humo blanco. Y uno se acuesta reconfortado, sabiendo que Rubalcaba (¿era este su último debate del estado de la nación como portavoz?) y Rajoy decían la verdad de modo antagónico, vendían sus motos a menos de cien días de las elecciones europeas; que los parados son los mismos de siempre y se siguen cerrando empresas y no hay crédito. Y ya nadie habla del déficit, aunque sigue fuera de control. Pero es humo blanco, oiga. Y ya salen los cardenales del cónclave como si hubiera papa, aunque la procesión siga por dentro de todos nosotros.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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