LA CUENTA DE LA VIEJA

 

Javier Glez. Ortiz, consejero económico de Canarias, y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro /DIARIO DE AVISOS

Javier Glez. Ortiz, consejero económico de Canarias, y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro /DIARIO DE AVISOS

 

A Canarias le conviene una rápida cirugía del sistema de financiación autonómica. Pierde centenares de millones de euros en el reparto y ‘no es país para viejos’, que dirían los hermanos Coen. Con los recursos disponibles y la tasa de paro, la población más dependiente sufrirá un triste desenlace de su tiempo vital mientras los más jóvenes se ven abocados a la emigración. Pese a que febrero ha sido una excepción histórica, donde descendió el desempleo (483 personas menos) por primera vez ese mes desde 2006, la lenta recuperación de la economía no hace albergar esperanzas para los todavía 275.000 desocupados que buscan oficialmente un curro. De ahí que urja, como digo, un cambio de modelo de financiación, que invierta las tornas. Estamos en la antesala de ese nuevo mecanismo de distribución de los fondos, a la espera de reuniones y acuerdos. El compromiso de Rajoy de hacer la tarea este año anima a algunas autonomías, como Madrid y Extremadura, a hacer públicas sus balanzas fiscales (Cataluña se dispone a proclamar sus cálculos). Unas siguen el procedimiento que los expertos acaban de sugerir al Ministerio de Hacienda, y otros el antiguo. No hay cambios sustanciales en los resultados de una y otra fórmula. La conclusión es la misma: los territorios más ricos aportan más y reciben menos, salvo País Vasco y Navarra, que disfrutan de un régimen específico muy ventajoso, ya que, a su boyante situación económica (si la equiparamos con el resto de vagones del tren), no corresponde ningún déficit, sino un sorprendente superávit en las arcas públicas. La cuestión es que las autonomías comienzan a quejarse con datos sobre la mesa. Canarias no debe tardar en hacer las cuentas y ofrecer la foto que le afea el futuro. Algunas ideas parecen básicas: a las islas les debe corresponder un reparto que atienda a su densidad y dispersión demográficas, al imponderable de la insularidad y, como apunté, al envejecimiento. Pero también a la distancia del resto del Estado y a la tasa sideral de paro, y a lo que Bruselas llama los ‘desequilibrios económicos excesivos’, la falta y obsolescencia de infraestructuras y los agujeros históricos en la financiación del Estado que obligan al endeudamiento. Supongo que no se le gastará a Canarias esa broma pesada de hacerla copartícipe de los gastos derivados de instituciones nacionales a más de mil kilómetros de estos lares (la ‘carga beneficio’, en la nueva terminología, frente al ‘flujo monetario’ convencional de lo que entra y sale en cada autonomía), como los cuarteles de Defensa o el Museo del Prado, y mucho menos, el coste de las estaciones del AVE, servicio que nos excluye por antonomasia. Siendo tan desiguales, que no se nos trate por igual.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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