LEOPOLDO MARÍA PANERO, EL POETA QUE MIRABA DETRÁS DE LA VENTANA

 

Leopoldo María Panero /descontexto.blogspost.com

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La desaparición de un poeta como Leopoldo María Panero, con alma de poeta y una combustión de sangre poética por sus venas, hasta nadar en la abundancia sin rima de millones de versos al rojo vivo, es una completa desgracia para la poesía. Cuando Visor engendró aquella antología sistémica de la poesía íntegra de Panero el loco (1970-2000), eran casi seiscientas páginas torrenciales de un autor sin tregua, que se sentía destruido por las palabras y perseguido por los pájaros y la CIA. Ahora que ha muerto en su último refugio, la isla, Gran Canaria, dicen que en un dulce sueño, esas muertes indoloras de la gente con suerte, hay que decir que Leopoldo María Panero no fue un hombre afortunado, sino un poeta maldito, marcado por el apellido en las ancas, y que su incontinencia poética (empezó a componer versos a los cinco años, y en su primer poema le temblaba el corazón “y no era un sueño”) no era fruto del azar. “No creo en la bestia de la inspiración, yo cultivo el esparto como una ciencia”, dijo en una entrevista en El País en 2005.

El poeta en su juventud /frenopatico.blogspost.com

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Tendría la locura genérica de cierta clase de poetas, le diagnosticaron esquizofrenia, pero era un misterio su estado demencial real. Vivía, eso sí, de manicomio en manicomio, hasta recalar en Las Palmas, donde trabó amistad y escribió libros con el poeta canario Félix Caballero. Era querido y admirado. En un rapto de genialidad se reivindicó como la reencarnación de Baudelaire y pidió el Nobel para sí. Los Panero, sus padres y hermanos, fueron cayendo como ramas de un mismo árbol, hasta quedar a solas su voz sin nadie que reclamar sus restos mortales a los 65 años. Era simpático como entrevistado y contertulio, adornaba sus reflexiones punzantes con citas de filósofos y poetas, que manejaba a su antojo: Freud, Lacan, Marx, Mallarmé. “España es la que está loca, no yo”, sentenció en la misma entrevista que firmaron Jesús Ruiz Mantilla y Miguel Mora. Lo inaudito de su caso es que se sentía víctima de un prolongado envenenamiento a base de holoperidol, pero no podía vivir sin pisar el psiquiátrico desde que lo internaron en el Instituto Frenopático de Barcelona el año que debutó con un libro y se intentó quitar la vida (1968). Poeta maldito, sí, señor; anarcoindividualista, bisexual y sadomasoquista.

La sobrecarga de la vida /jotdown.es

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“Los diputados están como una cabra”, dijo volviendo sobre el tema de los desequilibrios inherentes a España. Y con tanto equipaje culto oculto en su cabeza descontrolada, y aquellos ojos desde el fondo del precipicio detrás de la ventana, la mirada de Panero era un poema y parecía más viejo arrugado y cautivo. Dice Benjamín Prado que hacía tiempo que él mismo se había dado por muerto. No sin menoscabo del alma. “Seres sin cabeza cantarán sobre mi tumba/una canción incomprensible./Y se repartirán los huesos de mi alma./Mi alma./Mi hermano muerto fuma un cigarrillo junto a mí.” 

 

las postrimerías del poeta /jotdown.es

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Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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