ALFONSO SORIANO DESCUBRE A LOS CANARIOS DE LA CORTE DEL REY

 

El autor con su obra

El autor con su obra

 

.El político e investigador culmina una obra de 20 años en la que reúne a 133 canarios con gran influencia durante cinco siglos en la Corona

.El autor lanza una campaña de suscriptores para afrontar la costosa edición de dos tomos de lujo en la cuenta canariosenlacorte@gmail.com  

 

Alfonso Soriano lleva más de 20 años rastreando la huella de los canarios que estuvieron al servicio de la Corona, y ha sumado hasta 133. Ahora que ha culminado la trabajosa elaboración de sus pesquisas en dos tomos voluminosos (‘Corte y sociedad. Canarios al servicio de la Corona’) ilustrados con las llaves distintivas de la Corte (desde los Austria hasta los Borbones), sigue preguntándose cómo se las arreglaron todos esos paisanos para conseguir estar cerca del rey de turno. Fueron isleños muy poderosos, que ejercían una gran influencia desde su atalaya en la Corte.

 

La noticia la dio a conocer el autor en el programa ‘El Balcón’, de Teide Radio, en ‘Las Mañanas del Mencey’, provisto de la ‘pareja’ de tomos que le ha ocupado buena parte de su vida llevar a buen fin. A preguntas de la presentadora, Marlene Meneses, y de los contertulios de este espacio, Leopoldo Fernández, José Antonio Pardellas y un servidor, Soriano fue desgranando su intrincada labor de taxonomista hasta lograr identificar a todos y cada uno de los canarios de la Corte. 

 

El emperador Carlos I (siglo XVI) fue el que introdujo la institución de la Corte. “El poderío de los reyes”, explica el autor, “se medía por la envergadura de su Corte.” Pese al auge que la misma cobró durante un prolongado período histórico, la Corte decayó en el siglo XX: el 14 de abril de 1931, con la llegada de la II República, pasó a mejor vida. El actual rey Juan Carlos no cuenta con Corte propia como sus antecesores; el último fue su abuelo, Alfonso XIII, que la sostenía de su propio pecunio, al margen del presupuesto oficial. Su hijo, Don Juan, solo tuvo un remedo de corte. “Eran ciertas personas que se ponían a su disposición, pero nada más.”

 

Soriano desmiente a Rumeu: Hernando del Hoyo 'sí' fue nombrado por el rey  'Caballero de la Espuela Dorada'

Soriano desmiente a Rumeu: Hernando del Hoyo ‘sí’ fue nombrado por el rey ‘Caballero de la Espuela Dorada’

 

“El mayor enchufe era conseguir un cargo en la Corte”, señala el investigador. De ella salieron los validos, una figura del Antiguo Régimen potenciada por los Austrias en el siglo XVII, como el célebre Conde-Duque de Olivares (en el famoso cuadro de Velázquez, posa con ostentación como un burócrata todopoderoso, apoyado en una mesa y en la otra mano la llave característica de quien gozaba de la confianza absoluta del rey Felipe IV).

 

El Mayordomo mayor de Palacio era el jefe máximo, de él dependía el Sumiller de Corps, que era el jefe de servidumbre del rey, la persona más próxima a él que cuidaba de las habitaciones de palacio, y dormía al lado en una cama aparte. Era el cargo palatino más codiciado, incluso por encima del de Mayordomo mayor, que en teoría gozaba de mayor jerarquía. El Gentilhombre de  boca era el que servía la mesa del rey. El Gentilhombre de cámara lo acompañaba a todas partes.

 

La campaña de suscriptores

 

La obra contiene un anexo con una docena de personajes canarios que, si bien no pertenecieron a la Corte, sí desempeñaron cargos de designación de los reyes. Entre ellos, el ilustrado Agustín de Betancourt y Molina (teniente general del Ejército en Rusia, que fue enterrado en San Petersburgo en el panteón de las grandes personalidades) y Fernando León y Castillo (abogado, político y diplomático canario, fue ministro de Ultramar con Alfonso XII, y de la Gobernación durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena), único canario que logró el Toisón de Oro, “la distinción por excelencia, más importante que la orden de la Jarretera” (Soriano ofrecerá una conferencia sobre el tema el 10 de abril en el Casino de Tenerife).

 

Son dos tomos de lujo, con 1.200 páginas en total, para cuya edición el autor ha iniciado una campaña de suscriptores a través del correo:

                                        canariosenlacorte@gmail.com 

“Editaré 1.000 ejemplares, que tendrán un precio de costo, los dos tomos, de 110 euros. No pienso ganar nada”, declara restando valor crematístico a su entrega durante años a esta investigación en el Archivo del Palacio Real. “Yo era diputado y lo hice con mucho gusto”. Empezó a tirar del hilo por una curiosidad anecdótica puntual y no tardó en enredarse en una maraña de pistas que lo obligó a desempolvar documentos con olfato ‘arqueológico’ durante años, hasta que un día se vino abajo, desmoralizado por las dificultades. “No puedo más”, le dijo al jefe de sala del archivo, “esta obra me desborda y a nadie más que a mí le interesa”. Pero su interlocutor, buen conocedor de los estados de ánimo de los ‘ratones’ de biblioteca, le quitó la idea de la cabeza. “¡Ni hablar! A mí me interesa mucho”. Soriano reconoce que esas palabras le devolvieron la ilusión y ya no paró hasta llegar al final. “Busco suscriptores, individuales e institucionales, que me permitan afrontar la inversión.” Ya ha conseguido unos cuatrocientos, sin haber hecho prácticamente publicidad de su empeño, lo que significa que el proyecto es viable.

 

El primero de la lista de esos canarios en la Corte es Hernando del Hoyo, que sirvió a don Fernando, el Rey Católico, y le salvó la vida: derribó a quien pretendía matar al rey con una lanza. Don Fernando lo hizo ayudante de cámara.

 

El más influyente fue Leopoldo O’Donnell, tinerfeño, que llegó a ser jefe del Gobierno, con Isabel II. Hubo capitanes generales de Canarias con cargos en la Corte. Franco pidió al rey que lo nombrara gentilhombre para poder casarse con Carmen Polo (cosa que hizo a los pocos meses), ya que la familia de ella lo despreciaba como el ‘comandantín’, según narra Soriano, para comentar, a propósito de la búsqueda de esta información, que “el expediente ha desaparecido del Palacio Real. Al parecer, se lo llevó la gente de la Fundación Francisco Franco. Se lo solicité por escrito a esta y me remitió al Palacio Real, me tuvieron del tingo al tango.”

 

Esta inmersión en las aguas profundas de la historia de la casas reales le han deparado al autor hallazgos inesperados, fruto de una constancia detectivesca que ha ido desarrollando durante estos años. Cuenta que hasta ahora, Rumeu de Armas, uno de los máximos historiadores de referencia en las islas, había sostenido que Hernando del Hoyo no fue nombrado por el rey (Fernando el Católico) ‘Caballero de la Espuela Dorada’. Sin embargo, Soriano descubrió el documento que lo acredita en un archivo privado, después de mil y una peripecias cuando ya daba por sentado que la palabra de Rumeu iba a misa.

 

Otro de sus empeños fue encontrar un retrato de la última exponente de los Adelantados, doña Porcia Magdalena Fernández de Lugo y Marín, V Adelantada de Canarias y princesa de Asculi, que tras la muerte del príncipe, su esposo, ingresó en un convento en Toledo. Hasta allí dirigó sus pasos Alfonso Soriano, y Dios estaba de su parte. Las monjas le respondieron contra todo pronóstico: “¡Claro que tenemos un hermoso retrato de la persona más célebre del convento!” Ese material inédito que premia su perseverancia figura en la obra que ahora está a punto de sacar a la luz y que me muestra con orgullo casi paternal. Es una formidable edición, obra de Carlos Gaviño, un artista del género.  

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a ALFONSO SORIANO DESCUBRE A LOS CANARIOS DE LA CORTE DEL REY

  1. Adolfo

    Hola, tengo una llave preciosa y Antigua como la de la portada de su libro, la recibí de mi Abuelo, que tenia una Sobrina Duquesa .

    La tengo a la venta, pero no se el valor.

    Saludos

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