EL SANTO DE LA LAGUNA

 

José de Anchieta (La Laguna, 1534 - Reritiva, Brasil, 1597) / religiónenlibertad.com

José de Anchieta (La Laguna, 1534 – Reritiva, Brasil, 1597) / religiónenlibertad.com

 

El Papa Francisco ha cumplido su palabra y hoy ha firmado el decreto de canonización equivalente –que es como se llama cuando no viene al caso exigir milagro alguno-  del lagunero José de Anchieta, que fundó Sao Paulo y cofundó Río de Janeiro. Allí, en la patria de Jorge Amado, este tinerfeño y canario de vocación americanista como muchos de sus paisanos, escribió profusamente poemas y dramas, y, entre otras muchas cosas, hizo la primera gramática en idioma tupí.

 

Al margen de los milagros procedimentales que ya se documentaban en Brasil por si el papa lo creía conveniente, nuestro segundo ‘embajador’ en América en subir a los altares tenía la ventaja de la admiración que le profesan tanto Jorge Bergoglio (es uno de sus jesuitas de cabecera) como Ratzinger (que lo designó entre los trece intercesores de la Jornada Mundial de la Juventud en 2013).

 

En cualquier caso, estamos ante un personaje que nos desborda en este siglo de la alta tecnología, con tan solo repasar su anecdotario de erudito de pies descalzos que aprendió a hacer alpargatas, pero prefería ‘patear’ la selva en carne viva como si fuera un indígena, con la espalda hecha polvo y los remedios del hechicero.

 

El Papa Francisco firmó este jueves en Roma el decreto de canonización del Padre Anchieta / iglesiacatolica.org.uy

El Papa Francisco firmó este jueves en Roma el decreto de canonización del Padre Anchieta / iglesiacatolica.org.uy

 

El Vaticano subraya que José de Anchieta era conocido como el ‘apóstol de Brasil’ y detacó en la defensa de los indígenas contra las “injusticias” de los colonizadores. En el mismo acto de puertas adentro, el papa firmó sendos decretos de canonización de la monja clarisa soriana Sor Clara de la Concepción, del laico profeso de la Orden de San Agustín Sebastián Elorza Arizmendi y del obispo de la orden de los Frailes Menores Capuchinos, Francisco Simón Ródenas.

 

La vida de aquel lagunero intrépido, de salud, en efecto, quebrantada, que vivió 63 años, experimentó un giro de 180 grados cuando  muy joven, hijo de un rico vasco casado con una canaria descendiente de la nobleza local, decidió cruzar el ‘charco’, convertido  en jesuita en Portugal, como si lo llamara el Amazonas, inasequible a las graves lesiones que sufría en la columna vertebral.

 

En el Brasil de las luchas tribales fue acólito y rehén de los pobladores indómitos, creó escuelas y hospitales, ejerció de asceta y enfermero, filólogo y naturalista, mediador y maestro.

 

Anchieta, como el otro santo de origen canario, Pedro de Bethencourt (Brasil y Guatemala hermanados en este par de paisanos inauditos que son dos biografías impresionantes) es un guión de cine. Algunas películas se han hecho del hombre convertido hoy en santo. Es posible que la canonización por su labor religiosa desplace a un segundo plano su inestimable obra literaria (no ya sus legendarios versos escritos con una rama en la arena de la playa, sino su producción poética publicada y su dramaturgia, que lo hacen pionero de la literatura brasileña), pero también es cierto que, al ser santo por su vida integral y no por sus prodigios, los versos y los dramas van el mismo ‘paquete’ y forman parte de lo divino de su condición.

 

“Juzga si sabes juzgar”, escribió no sé muy bien con qué motivo, pero es una sentencia que nos interpela, de paso, para redimir del olvido imperdonable a uno de los cimientos de lo que Nélida Piñón llama la “memoria sincrética” de América.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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