Por qué no me callo. GABO

 

García Márquez aprendió a escribir a los cinco años e el Colegio Montessori de Aracataca con la maestra Rosa Elena Fergusson, su primer amor / elmundo.es

García Márquez aprendió a escribir a los cinco años en el Colegio Montessori de Aracataca con la maestra Rosa Elena Fergusson, su primer amor / elmundo.es

 

“Lo único que me duele de morir es que no sea de amor” (G.G.M.)

La misma mano de abril se llevó a Shakespeare, a Cervantes y ahora a García Márquez, y en cierta forma componen una terna de la historia literaria del mundo. En esta semana del libro, el planeta Gabo domina toda la cosmogonía. En mil años de castellano, pocos autores con universo propio tuvieron tanta resonancia como García Márquez, cuya timidez crónica (su proverbial ‘miedo escénico’) era la antítesis del autor mediático. Pero el ‘boom’ hispanoamericano tenía tal pujanza y nervio que la Academia sueca se rindió ante él,  y, así, del trío García Márquez, Vargas Llosa y Carlos Fuentes, los dos primeros ganaron el Nobel y al tercero le faltó tiempo.

 

Vargas Llosa, Carlos Fuentes y García Márquez, dos premios Nobel y uno como si lo fuera /losreporterossalvajes.blogpost.com

Vargas Llosa, Carlos Fuentes y García Márquez, dos premios Nobel y uno como si lo fuera /losreporterossalvajes.blogpost.com

 

Fuentes me contó que, tras el puñetazo de Vargas Llosa a García Márquez, en la première de una película sobre el accidente de los Andes, en 1976, trató en vano toda su vida de reconciliarlos. Elena Poniatowska (que recibe el Cervantes el miércoles) me añadió que ella se sentó con el autor de ‘El amor en los tiempos del cólera’ a consolarlo tras la confusa desavenencia. Ya no están Fuentes ni Gabo, y el único superviviente emitió en Ayacucho un juicio para la historia: “Ha muerto un gran escritor que prestigió la literatura”. Lo busqué en un hotel de La Habana, pero solo conseguí llegar hasta una mesa, a medio recoger, donde acababa de estar sentado. A los escritores que uno ama es mejor no conocerlos (Alberti ofendió mi bisoñez cuando yo era ‘feliz e indocumentado’ y lo dejé con la palabra en la boca).

Esta foto del puñetazo de Vargas Llosa a Gabo permaneció en la gaveta 30 años, hasta que su autor, Rodrigo Moya, la publicó cuando el escritor colombiano cumplió 80 años / Rodrigo Moya

Esta foto del puñetazo de Vargas Llosa a Gabo permaneció en la gaveta 30 años, hasta que su autor, Rodrigo Moya, la publicó cuando el escritor colombiano cumplió 80 años / Rodrigo Moya

 

De manera que guardo  recuerdos del alma de Gabo, de haberlo leído en su totalidad, y la noticia me atravesó como la muerte de un familiar querido. Durante años, el historiador Julio Hernández y yo nos convocábamos los domingos en el Quiosco Numancia para hablar monográficamente de García Márquez. Julio recitaba los primeros párrafos de sus novelas y yo iba espigando las citas de Canarias. En ‘Cien años de soledad’, Amaranta Úrsula hace escala “en las islas Afortunadas”, y selecciona veinticinco parejas de canarios finos “para repoblar el cielo de Macondo”. En ‘El general en su laberinto’, Bolívar hablaba con “la cadencia y la dicción de las Islas Canarias”. José Luis Fajardo me contó una de Gabo. El pintor dijo algo inopinadamente y el escritor saltó como un resorte: “¡Ese era el adjetivo!” La suerte de Dios es que tiene quien le escriba.

  

Última foto. García Márquez dice adiós a los periodistas que le cantan 'Las Mañanitas' en su 87 cumpleaños, y entra en su casa en México con una rosa amarilla en la solapa, su favorita, 42 días antes de morir. /elnacional.com

Última foto. García Márquez dice adiós a los periodistas que le cantan ‘Las Mañanitas’ en su 87 cumpleaños, y entra en su casa en México con una rosa amarilla en la solapa, su favorita, 42 días antes de morir. /elnacional.com

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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