Por qué no me callo. COMO ‘ALVES’

Alexander von Humboldt, en una platanera. El sabio alemán visitó Tenerife en 1799 y realizó interesantes descripciones botánicas,

Alexander von Humboldt, en una platanera. El sabio alemán visitó Tenerife en 1799 y realizó interesantes descripciones botánicas,

 

El plátano es un sueño asiático que invadió el mundo. Es la fruta que más se consume y ahora está en boca de todos. Ha llovido mucho desde aquel acertijo (“oro parece, plata no es …”). Buen fetiche que nos identifica en la idea de jardín, nuestro ‘locus amoenus’. Desde hace cien años comparte logo con el pájaro tocayo que andaba por el mundo “ennobleciendo a estas islas” (López de Gómara, siglo XVI). El plátano es nuestra ‘musa paradisíaca’ (nombre de una variedad). El incombustible Pepe Dámaso –el viernes lo saludé paseando felizmente por San José tras medirse a los infartos- pintaba cortezas de platanales; en el arte canario hay todo un subgénero del tema. Desde que el brasileño Dani Alves se agachó en El Madrigal a recoger el plátano que le tiraron de la grada para degradarlo en la escala evolutiva y lo peló y mordió antes de tirar un córner, la fruta elongada se ha vuelto icono social, de Adriana Lima a Bank Ki-moon (“Todos somos macacos”, corea la red). El plátano pasó del insulto a la tolerancia, un racimo de voces contra el racismo. Los ingleses lo exportaban envuelto en algodón.  A isleños y brasileños nos une el amarillo (el de los canarios y la canarinha) y ahora nos une el plátano en la carpología de los vilipendios, dado el estigma de ‘aplatanados’: “el canario siempre vago,/buscando en la mar la vida,/hace toda su comida/con un plátano y un trago”, dice la copla popular.

El plátano, de origen asiático, llegó a Canarias procedente de África, y las islas lo exportaron a América.

El plátano, de origen asiático, llegó a Canarias procedente de África, y las islas lo exportaron a América.

 

Unamuno lo llamó ‘soñarrera’ y Pancho Guerra, ‘filosofía’ (Pepe Monagas). Alves y Neymar (‘desplatanado’ de risa en twitter con su hijo) dieron la vuelta al agravio. Alonso Quesada ideó una ciudad geórgica, divertida, insular que llamó Platanópolis, de plátanos animados, como ‘alves’. La ola de ‘selfies’ de ‘celebrities’ comiendo plátanos, como hacía Nadal entre set y set, cobró un predominio planetario.  Un cultivo este que nos trajeron los portugueses de Guinea hace cinco siglos y que nosotros trasplantamos a América sin mala intención, ajenos a las futuras repúblicas bananeras y a la United Fruit Company. Desde Luis Bassat y Arguiñano hasta este hashtag #NoAlRacismo de ‘Plátano de Canarias’, el manjar ha subido un peldaño: de su ‘pornografía’ clásica (los sátiros de Néstor) a tener un valor en la iconografía de la igualdad, un prestigio de ‘musa’ de grada y salón contra la xenofobia, que nos implica. Porque el de Alves era, como el de Warhol, el inequívoco plátano paisano con manchas negras. 

 

El plátano de Warhol, por cuyas bien puede tratarse de un ejemplar de la variedad común en Canarias.

El plátano de Warhol, por cuyas manchas bien puede tratarse de un ejemplar de la variedad común en Canarias.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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